Aún tengo grabado en la retina lo impactante que fue ver el debut de The Mars Volta en directo con este álbum salido de tono que es De-Louse In The Comatorium. Los de El Paso venían de disolver su banda madre, At The Drive-In, después de una gira en la que dejaron el mundo patas arriba con ese disco estrella que es Relationship Of Command (2000), y parecía que sería difícil superar algo así, pero, por suerte, lo consiguieron. Y es que había mucha curiosidad con el debut de los dos cabezas pensantes de la banda Hardcore, más cuando andaba Rick Rubin de por medio para producir lo que sería su primera obra, una de los más importantes de la primera década del siglo XXI.

El álbum fue un éxito desde el primer momento, vendiendo más de 500.000 copias, con un sonido de marca registrada desde el primer segundo. La influencia de Santana, Jimi Hendrix, la Psicodelia setentera y el Prog más alocado se palpa en cada una de las composiciones, aderezadas por el espíritu Punk y Hardcore  de su grupo anterior, que dotaba al conjunto de una personalidad única e incomparable.

Si a todo ello le sumamos que la formación que les acompañaba estaba compuesta por músicos brutales como Flea en las líneas de bajo o Jon Theodore a la batería no podemos más que caer rendidos ante composiciones tan dispares como Inertiatic ESP, jazzística y con ritmos latinos, o Roulette Dares, donde el timbre de Cedrix Bixler brilla como nunca, sobretodo en el estribillo, acompañado por un Omar Rodriguez inspiradísimo a la guitarra, es el disco más trabajado de la banda junto a Frances The Mute y Noctourniquet.

De las líricas nada que decir, una historia pasada de LSD escrita por Bixler y el ingeniero de sonido de la formación, Jeremy Michael Ward, sobre un personaje que abusa de la morfina para intentar suicidarse, cayendo en coma durante una semana en la que sueña con la humanidad y al despertar se encuentra con un mundo indeseado que no puede soportar. Parece ser que la temática está basada en la muerte de Julio Venegas, amigo del cantante.

Nada más a estas alturas puede decirse de uno de los discos más reaccionarios y necesarios de la pasada década, temas como Drunkship Of Laterns o Eriatarka son auténticas joyas en forma de canción, y el álbum como una sola pieza es, simplemente, una obra total, necesaria para los que gusten del rock en toda su plenitud. A día de hoy no se les puede echar más en falta, después de una carrera sobresaliente se han vuelto a reunir con sus compañeros de At The Drive-In para girar o han creado una cosa tan anecdótica como Antemasque, pero lo que realmente quiere cualquier fan de los peloafro es que vuelvan a girar con ese monstruo que les llevo a lo más alto. The Mars Volta son una de las bandas contemporáneas más importantes, sin duda alguna, y ojalá vuelvan pronto. Si alguien tiene que mover las maracas a ritmo endiablado y encadilarnos a todos con un sonido especial ellos son los únicos capaces de hacerlo.