Tratamos uno de esos casos sencillamente fascinantes en que una banda se lía la manta a la cabeza y elige redefinir drásticamente su sonido, retando a su público con un timonazo hacia otro rumbo que nadie esperaba. Este artículo aparece en nuestra sección “Primer Veredicto” aunque tenemos que reconocer que mentimos como cosacos, ya que la primerísima impresión tras escuchar este álbum homónimo fue bien diferente a la que intentaremos explicar a continuación.

Estamos ante 45 minutos que darán mucho que hablar, en los que la banda de Riverside demuestra una valentía sorprendente, porque si los dos primeros adelantos escocieron a muchos de sus fans, el resto de material les hará quemaduras de tercer grado. En general Suicide Silence es un disco enfermo, crudo y oscuro; y parte de la culpa es claramente de Ross Robinson. La mano del productor es evidente tanto por rescatar ese sonido que pareció morir pasto de las llamas en los míticos Indigo Ranch Studios, como por su labor “psicológica”, y es que se nota que Ross se empleó duramente con Eddie Hermida, quien más que ejecutar “interpreta” de manera descarnada sus partes vocales. Pero no le echemos toda la “culpa” al productor, el giro de timón es enorme, de un modo que sólo puede ser fruto de una fuerte determinación por la banda, demostrando claramente querer hacer las cosas de otro modo. Aunque Suicide Silence han defendido a capa y espada el cambio de estilo como una evolución a nuevos e inexplorados terrenos, tampoco nos pueden engañara a los que alguna vez hemos llevado chándal y dreadlocks. Este nuevo sonido es heredero directo del Nu-Metal, del más insano y demente, pero Nu-Metal al fin y al cabo.

De modo que se junta el hambre con las ganas de comer, y tenemos nueve cortes de metal moderno, con destellos Deathcore, Mathmetal y muchísima experimentación, que en ocasiones resulta bastante razonable, y otras se queda en el intento. Hay buenas guitarras, un bajo prototípico de Ross Robinson y unas baterías que relegan a un segundo plano los blastbeasts y el doble bombo, dejando más espacio a los ritmos marcados y las guitarras abiertas, que junto a las voces limpias recuerdan en ocasiones a los Vision of Disorder más crudos o incluso a aquel Robb Flynn con pelo rubio de pincho (¿te acuerdas que risa?). Otros cortes podrían también asemejarse a los Skinlab o KoRn más enfermos, y me atrevería a afirmar que el tema Gently, del seminal Iowa de Slipknot, podría entrar en mitad de este disco sin ningún problema. A destacar una curiosa sensación de álbum grabado en directo, gracias a un sonido totalmente orgánico (y dicen que 100% analógico) que junto a esos pequeños detalles que siempre respeta Robinson (susurros, charlas de los músicos entre tema y tema, acoples) dotan a esta placa de una enorme naturalidad.

Tras los dos temas ya desvelados por la banda, Listen empieza muy pesada para luego alocarse enormemente, alternando voces limpias con growls de ultratumba. Dying In A Red Room saca el registro más fantasmagórico de Eddie Hermida (muy Chino Moreno), en un tema bastante llorón, con guitarras limpias y que pondrá de los nervios a muchos. Hold Me Up Hold Me Down es cadente y rítmica (sólo necesita tambores para ser de Slipknot en algunas partes) pese a lo alocado de sus guitarras solistas y el final razonablemente Deathcore. Run y The Zero pretenden ser temas de pegadizos por sus estribillos, pero seguramente causarán más irritaciones que aplausos. Conformity empieza a modo de balada, sí, has leído bien, balada, para ir desarrollándose hacia… no sé muy bien dónde, pero estoy seguro que es el tema que más palos se va a llevar. El trabajo termina con una Don’t Be Careful You Might Hurt Yourself a toda velocidad, posiblemente representando el tema menos arriesgado del álbum, hasta terminar ahorcándose en un manojo de ruido tras el que se escucha la banda silbando, como si aquí no hubiese pasado nada.

Por lo tanto, estamos ante un disco complicadísimo, agresivo, indigesto y extremo en cierta manera. Aunque no podemos predecir qué acogida tendrá esta rareza, merece nuestra alabanza la enorme valentía que el quinteto ha tenido en editar esta quimera. Tememos que gran parte de sus fans darán la espalda, y hay que ser muy optimistas en pensar que este trabajo atraiga una nueva legión de fans. Sin embargo, el que una banda se exprese en un nuevo lenguaje sin otra intención que ser honestos consigo mismos merece el mayor de nuestros respetos, ya hay suficientes bandas siendo un mero espejo de lo que el público les pide. Un disco sincero, pulgares arriba.


Tracklist:

1. Doris 4:27
2. Silence 4:40
3. Listen 5:32
4. Dying In A Red Room 4:45
5. Hold Me Up Hold Me Down 5:18 6. Run 4:25
7. The Zero 4:53
8. Conformity 5:53
9. Don’t Be Careful You Might Hurt Yourself 4:20