Fueron 28 días de locura entre Bourbon, porno, barbacoas y resacas. Corría el año 2002, y Phil Anselmo ya empazaba a mostrar un alejamiento serio con los hermanos Abbott (Dimebag y Vinnie de Pantera), más cuando funda su proyecto personal, Superjoint Ritual, y lanza su segunda placa con DOWN, un mixto a la plancha de fango, blues, metal y juerga lisérgica que se cocinó a fuego rápido en un submarino de excesos que es el estudio que posee su vocalista en Louisiana, Nödferatu’s Lair. Así nació II, A Bustle in your Hedgerow…, uno de los álbumes más pantanosos de la década pasada.

Ese granero en donde se plasmó esta obra de 67 minutos tiene un halo de misterio que sigue llamando la atención de la misma manera que hace quince años, ya que cualquiera puede darle rienda suelta a la imaginación y preguntarse qué coño habrá pasado dentro de esa casa para que Anselmo, Keenan, Windstein, Brown y Bower parieran semejante discazo. Y aunque la prensa no estuvo especialmente receptiva con la continuación de NOLA el tiempo pone las cosas en su sitio y nos encontramos, para muchos, ante el mejor trabajo de la banda. Una colección de canciones que consiguen aunar el blues con el metal y el sludge, con una producción que altera tu percepción de lo que entendemos como una grabación en estudio, ya que parece que estés en el salón con la banda tocando mientras te enchufas un whisky y le echas un buen repaso a una revista Hustler.

Lysergik Funeral Procession nos alecciona con ese sonido pesado y cadente, un doom sabbathiano que rápidamente pasa a un riff bluesero y rompedor, Kirk y Pepper hacen uno de los mejores trabajos de su vida a las seis cuerdas, y aunque suenan menos metal que su disco debut, la guerra entre ambos es total. El break de la canción con Brown y Bower escupiendo arena con la base musical y los riffs acompañando a Anselmo en su in crescendo son pura mugre salida del Mississippi, simplemente brutal. There´s Something On My Side tiene un groove sucio que les acerca más el Heavy de sus bandas personales que al sonido DOWN, ácido sulfúrico en manos de cinco impíos que no tienen compasión ni piedad. El sonido ecléctico de la banda se aprecia en auténticas joyas como The Man That Follows Hell o Ghosts Along the Mississippi, sucias y pesadas, con una gran presencia de Rex al bajo, que hace un trabajo encomiable. Phil a las voces encuentra sus mejores y más amplios registros entre chupitos y paquetes de Marlboro adulterados. La aportación de Kirk en este tipo de temas se hace indispensable, ya que insufla ese aire lascivo tan propio de Crowbar. Y mientras el gordo aporta ese estilo tan peculiar, Keenan se dedica a pasarselo en grande con esos temas tan blueseros como Stained Glass Gross o Where I’m Going, inspiración southern al servicio de la música, alucinante.

Si con esto no fuera poco la banda nos tumba con New Orleans is a Dying Whore, salvaje y cabreada en su estructura y con unas letras incendiarias, al igual que The Seed, la semilla que más se acerca al sonido Pantera (¡ese riff!) y nos noquea con un estribillo heavy y destructivo. A partir de ese momento el disco pega un giro crepuscular, como si de una cara B se tratara nos encontramos con Lies, I Don’t Know What They Say But… y Landing on the Mountains of Meggido -sin descontar Doged Tired, otro cañonazo con un solo impresionante-, y es aquí donde la banda termina seduciéndonos con esa inspiración en los grandes de los setenta del Blues (incluso del jazz), dos composiciones íntimas y pantanosas, auténticos rituales de cementerio en plena noche con velas encendidas y el fuego apagándose lentamente.

Y sí, he dejado Learn From This Mistake para el final, una de las mejores canciones que servidor ha podido escuchar a lo largo de su vida, donde puedes oír a un vocalista desnudando sus problemas mientras palidece entre la oscuridad y el vacío. La estructura, especialmente la guitarra, desprende un sentimiento que es el alma del álbum al completo.

II es un disco de esos que tienen un aura especial, ya no sólo por la espectacularidad de su música, sino además por la historia que tiene detrás. Estamos hablando del sonido que define un estado, Louisiana, que ha marcado la vida de cinco músicos en todos los sentidos, desde la música hasta su forma de pensar. Esta obra es una manera de entender la vida, una manera de exorcizar y expulsar los demonios de sus peores vivencias. Con este artículo celebramos una de las mejores experiencias de la pasada década, simplemente historia.