Texto por Serart.


La década de los 90 nos dejó una colección de joyas incontestables. Hablamos de diez años en los que la música recibió discos trascendentales en varios frentes del rock, desde el thrash hasta el grunge, pasando por el hard-rock, el rock alternativo, el rock pop…una época brillante en prácticamente todos los géneros musicales que conocemos. Secret Samadhi es una de esas joyas.

Live venían con una carta de presentación demoledora, ya que Throwing Cooper (1994) se consideró como una de las piezas más brillantes y redondas dentro de la música alternativa, con ese sonido a medio camino entre el movimiento grunge y las melodías pegadizas de REM; un disco que llegó a vender más de ocho millones de copias en todo el mundo y que contiene singles de una calidad fuera de toda duda. El siguiente paso de la banda decidiría el devenir de su carrera, Secret Samadhi fue la prueba de fuego para ver si Live eran una banda de consumo rápido o realmente tenían potencial para firmar su página correspondiente dentro de la historia de la música, y se la jugaron con todas las letras.

Y es que Ed Kowalczyk, Chad Taylor, Patrick Dahlheimer y Chad Gracey borraron por completo la luminosidad de sus discos previos para entregar una obra oscura, rabiosa y melancólica a partes iguales, que no fue bien recibida por la crítica en su momento, y que con los años ha ido adquiriendo un estatus representativo de lo que se entiende por el sonido Live. Podemos decir que nos encontramos ante un álbum casi teatral, en el que piezas como Rattlesnake o Lakini´s Juice, primeros dos cortes de la placa, desprenden un goticismo que se antoja antagónico a singles reconocidos de la banda como I Alone. La prensa consideró Secret Samadhi como un suicidio comercial, pero los fans se rindieron sin miramientos ante singles tan dispares como Freaks o Turn My Head, muy alejados de esa fenómeno que fue Throwing Cooper.

Ed apartó sus melodías limpias y grabó unas vocales poderosas, rabiosas, más cercanas a la rabia de Eddie Vedder que a la pureza de Maichel Stipe, jugando con el Alt-Rock (hay cantidad de arreglos en la mayoría de las canciones) y desprendiendo una sensación de desazón inspirada en el salto a la fama tan inesperado que sufrieron. Una gran muestra de esto es Graze, corte que en estructura estaría más cercano a Alice In Chains sino fuera por el timbre del frontman tan especial que tenía el grupo.

La labor de Chad Taylor a la guitarra tuvo mucho más peso en este disco que la de Ed, con una afinación más grave de lo habitual que dotaba a la música de unos matices inspirados en grupos como The Cure o Pearl Jam. Y aunque Century sí que nos acerca más a su sonido alegre, siendo un single redondo, Ghost nos lleva de nuevo a lo señalado anteriormente, una canción fantasmagórica y espiritual, pesarosa en su estribillo pero brillantemente ejecutada. Estas sensaciones se expanden en Unsheathed, tribal y con un puente poderosísimo, los breaks y la distorsión en la guitarra llevan el sonido de Live a un terreno que no se había explorado antes. Al igual que Insomnia and the Hole in the Universe, jugando con los medios tiempos para explotar en el estribillo de forma grandilocuente, de las composiciones más redondas que tienen la banda americana.

Con todo esto, la agrupación consiguió colocar su obra entre las primeras posiciones de los charts en EEUU, gracias a esa balada que es Turn My Head y, sobretodo, Freaks, con un vídeo digno de David Lynch, barroco y salido de tiesto; una canción que no paró de sonar durante buena parte del año y que les catapultó a una posición de banda adulta que ya nunca han abandonado. Con todo ello hay hueco para la visceralidad de Heropsychodreamer, tema casi heavy, o Merica, con una inspiración en las composiciones más pop de The Smashing Pumpkins. Los 54 minutos que dura el disco se cierran con Gas Hed Goes West, preciosa en su desarrollo y triste en las voces, un broche de oro final inspirado en REM y que abría paso a lo que nos encontraríamos posteriormente en The Distance To Here o V.

Secret Samadhi se balancea entre la belleza y la oscuridad, con una personalidad reconocible a kilómetros, y que supuso una rareza dentro del mainstream, que ya es mucho decir. Conseguir que un sonido tan opuesto a lo entregado anteriormente llegara a la gran mayoría de los fans no era una tarea sencilla y más siendo una banda a la sombra de los grandes de los 90, pero ellos lo consiguieron y nos dejaron una colección de canciones que cada vez que se rescatan evocan lo mejor de una época dorada de la música, sensación que es impagable para muchos que coincidieron con ellos en su momento oportuno, y aunque hayan pasado veinte años, sigue sonando tan inspirado y honesto como el día que salió a la luz.