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Por David Mat.

Sello: Paradise of Bachelors


Un tema bastante recurrente entre los que amamos la música es la manera que Internet influye en nuestra relación con la misma. Nos quejamos de que hay information overload, y es cierto que ahora tenemos tanto acceso a la música que prácticamente es imposible abarcar ni paladear tanto las novedades como discos clásicos. Pero de vez en cuando, cae en tus manos un disco o un artista que brilla con luz propia entre todo el montón de discos a medio escuchar o, directamente, descartados. Es música que te atrapa por las pelotas desde la primera nota, te sumerge en su universo particular y no te suelta hasta que acaba el disco, como si de un viaje mental o un mantra se tratara, como algo hipnotizante.

Sirva esta introducción para presentar uno de esos discos que ha entrado en mi vida por puro azar, y desde luego, se quedará a mi lado durante mucho tiempo. Se trata de Michael Chapman, un músico, un storyteller inglés que lleva la friolera de 51 años en activo y este 2017 presenta “50“, su álbum más americano. Una colección de 10 temas de los cuales 6 ya habían sido grabados anteriormente durante su extensa carrera, y que ahora rescata y reinterpreta para encajarlos en la atmósfera del disco. Una atmósfera 100% cinematográfica. De hecho, “50” podría ser la banda sonora de una road movie imaginaria; música eminentemente acústica, empapada de folk alternativo, de psicodelia costa oeste y de mucha melancolía. Un viaje por una carretera polvorienta cuyo protagonista es testigo del paisaje costumbrista que va observando y, al mismo tiempo, relatando con un tono sombrío la mayoría de ocasiones.

El disco arranca con dos preciosas composiciones: “A Spanish Incident (Ramón and Durango)” y “Sometimes You Just Drive“; ésta última el título le hace justicia al espíritu de la canción, ya que su escucha da esa impresión de viaje contemplativo sacado del celuloide. Con “The Mallard” visitamos brevemente la costa californiana entre vapores de psicodelia, para volver a retomar nuestros pasos hacia Memphis. Porque Memphis en invierno (“Memphis In Winter“) nos sumerge en un ambiente sombrío, con esa cadencia meditativa arrullada por una solitaria guitarra acústica a la que después se le van sumando gemidos de una eléctrica y retazos de un Hammond. Más paisajes costumbristas vas pasando por delante de los ojos del autor (y del oyente), quien nos confía que “Dicen que Jesús salva / Pero no veo nada de eso por aquí / Sólo veo gente con hambre / Veo gente con miedo.” Posiblemente, “Memphis In Winter” sea la canción más representativa del disco y del mensaje de Michael Chapman. Lo mismo ocurre con una joya del calibre de “Falling From Grace“; una pieza crepuscular y melancólica. La voz de Michael, arrullada por la maraña de guitarras acústicas y algún violín solitario que construyen una atmósfera encantada, se convierte en un verdadero lamento.

Aunque no todo es melancolía en “50“; ahí tenemos temas como “Money Trouble“, que nos recuerdan que tenemos los bolsillos vacíos, eso sí, con unas deliciosas guitarras primaverales y un riff que recuerda a Led Zeppelin III. O la elegancia y el sosiego folk que desprende “That Time Of The Night“, donde Michael nos confiesa sobre “esa hora de la noche / cuando nada parece salir bien.”. Seguro que todos nosotros hemos pasado por ahí. “Rosh Pins” es una delicia instrumental, jugando con notas graves y serias para dar paso, de repente, a tonos más floridos haciendo que al final se entremezclen con maestría; y “Navigation“, de combustión lenta, hipnotizante y nocturna, pone el punto final a este viaje tan especial. Un disco, en definitiva, muy intimista y desnudo para disfrutar un anochecer cualquiera y que agradará a fans de Dylan, Cash, el Tom Petty más reposado o, qué coño, a quien le guste la música en general.