Lamb of God es una grandísima banda que lleva dos décadas acertando prácticamente de pleno, tanto con sus entregas discográficas como en sus presentaciones en vivo. Últimamente parece que no se habla demasiado de ellos, pero su papel ha sido esencial en un panorama en el que apenas salían bandas de primera línea con ese instinto asesino, personalidad y capacidad para llegar a gran público. Si en algo han destacado los de Virginia es que trajeron una nueva manera de construir riffs entre sus dos guitarristas y su tremendo batería, siendo este Laid to Rest buque insignia de ese sonido que en 2004 se terminó de establecer con su sobresaliente “Ashes of the Wake“, que se abría con este contundente martillazo, indispensable en sus presentaciones en vivo.