Texto por Francis Sarabia.


Corría el año 1997, y echando la vista atrás hacia el pobre panorama musical español de la época, recordando muchos álbumes que salieron a la luz por aquel entonces, tengo que reconocer que la gente del Rock no estábamos preparados para lo que se nos venía encima con este disco. Nos pilló a todos por sorpresa. Al menos así lo recuerdo desde mi adolescencia cuando en mayo salió a la calle el que muchos consideran (con razón) mejor disco de Rock and Roll hecho en castellano.

La banda venía de un primer disco, Un buen momento (1995), que ya era sobresaliente, con una influencia sureña brutal, y todos sabíamos que iba a ser muy difícil superar aquella obra con la que algunos sectores de la prensa especializada ya les tildaban de “mejor grupo de España en su estilo”. Pero con un enfoque más duro y algo menos sureño, un sonido más áspero y sobre todo con una magnífica colección de canciones, lograron superarse y facturar un disco que nos voló la cabeza como muy pocos lo han hecho desde entonces y que quedará para siempre escrito con letras de oro en la historia del rock patrio.

Coliseum (cuya portada, obra de José Filemón, es una foto de la fachada de un viejo cine de Murcia ya desaparecido) fue grabado en Toronto, Canadá, bajo la supervisión del gran Richard Chycki en la producción, y aunque de él se extrajeron cuatro singles (“Canción sin retorno“, “Nacional 120“, “¿Dónde está la revolución?” y “Vuelve“), a decir verdad cualquier canción del disco podría haberlo sido. Desde el rock afilado de “Maxi ha vuelto” o “Algo más fuerte” a la calma de “Domingo de mayo” o “Canción sin retorno”, y haciendo mención especial a “¿Dónde está la revolución?”, tema que podría resumir perfectamente el espíritu lírico y musical del álbum; cada uno de los trece cortes que lo forman son composiciones magistrales que hacen de Coliseum una obra de Rock sencillamente perfecta, de esas a las que no les sobra ni les falta nada, y que tanto echamos cada vez más de menos. Gracias a ella empezaban a estar en boca de demasiada gente como para que no estallara algo realmente grande a nivel comercial, cosa que ocurriría con su siguiente disco, pero eso es otra historia…

Por fin teníamos un grupo de aquí que no tenía nada que envidiar a ninguno extranjero, pero no sólo en estudio; en directo hacían unas actuaciones totalmente incendiarias. Los que tuvimos la fortuna de vivir sus conciertos en esa época, podemos dar buena fe de ello: eran capaces de plantarle cara a cualquiera, y encima cantando en español. El tándem Campillo-Tarque funcionaba a la perfección, la banda en general mostraba una actitud y una seguridad sobre el escenario insultantes, y sonaba con una contundencia y un empaque que pocas veces habíamos visto en un combo nacional.

El caso es que en esos momentos nadie esperaba un álbum tan enorme como ese. No estábamos preparados para que nos soltaran en la cara algo tan bueno, ni mucho menos imaginábamos que iba a ser una parte tan importante y decisiva en nuestra vida musical.

A partir de aquí, la sombra de M-Clan se fue alargando cada vez más, haciéndose realmente grande, abrazando el más que merecido triunfo comercial en sus siguientes discos, evolucionando, creciendo, reinventándose cuando fue necesario y desarrollando una carrera llena de éxitos que podemos seguir disfrutando en nuestros días. Pero hoy le toca el turno a Coliseum, un álbum grandioso en la carrera del grupo que sigue sonando como un cañón veinte años después.