Está esto que llamamos Roxy Music, que es más grande que todos nosotros por separado. Dices ‘Roxy Music’ y tu mente se siente libre para volar hacia todo tipo de zonas y fantasías. Cuando todos esos grupos dicen que están influenciados por Roxy Music, quizá también se refieran al concepto de Roxy”.

Phil Manzanera


Corría el año 1972 y el mundo del rock se encontraba en estado de efervescencia a ambos lados del Atlántico. Grupos consolidados como Deep Purple, The Rolling Stones, Black Sabbath, Neil Young o Alice Cooper sacaban discos memorables, las discográficas perdían el culo por reclutar a “the next big thing”, el aroma del proto-punk flotaba el aire, los pinchadiscos acribillaban al oyente con horas y horas de rock’n’roll y los jóvenes, ataviados con botas de plataforma, maquillaje y boas de plumas, corrían en masa a sus tiendas de discos más cercanas para hacerse con The Slider, All The Young Dudes, Slayed? y The Rise And Fall Of Ziggy Stardust And The Spiders From Mars, buque insignia de ese género que florecía en territorio británico y que se conocía como Glam Rock: rock en el cual, el aspecto estético tenía un protagonismo absoluto con grandes dosis de purpurina que resaltaba la ambigüedad sexual, la androginia y la exuberancia de sus protagonistas, añadiendo un toque futurista y, por supuesto, algo de entrañable decadencia que se reflejaba en un rock’n’roll suntuoso y exuberante, rico en matices y arreglos, aunque con un aire deliciosamente perdedor. Tan sólo diez días después del lanzamiento de Ziggy Stardust, seis marcianos conocidos colectivamente como Roxy Music publicaban su primer trabajo homónimo.
La propuesta de Roxy Music rompió moldes en esto del Glam Rock. Se trataba de seis tipos experimentando con sus diferentes bagajes culturales, cada uno aportando su propia visión de la música, resultando un producto que iba un paso (o dos) más allá del Glam convencional de la época para convertirse en un estimulante crisol de estilos que funcionaba de maravilla.

Para elaborar su primer disco homónimo, los británicos tuvieron claro que querían desmarcarse de un sonido fácil y reconocible; huían de las etiquetas y, durante los diez días que estuvieron en el estudio, se deshicieron de cualquier límite y dogma para centrarse en crear la música más variopinta posible. Para ello, contaron con la ayuda inestimable de Peter Sinfield, ex-King Crimson, tras los controles. Inicialmente iba a ser el propio Robert Fripp el productor, pero al final el amigo Sinfield se hizo con el trabajo a pesar de su inicial reticencia, ya que aunque le horrorizó la maqueta, vio potencial en el grupo.
El artwork ya era toda una declaración de intenciones. Bryan Ferry, líder visible del conjunto, quería darle un toque classy al primer trabajo del combo, algo que lo diferenciara del resto de bandas y discos pero que, al mismo tiempo, diera al oyente una pista del contenido musical. Pensó que no sólo había que sonar bien, sino también aparentarlo y decidió hacer un homenaje a las portadas de los discos y revistas de los años 50-60 haciendo posar a la modelo Kari-Ann Muller recostada sobre sábanas blancas, con un disco de oro a sus pies, sujetando una rosa en la mano y con una expresión decididamente lujuriosa. Esto irritó al sector rockero más talibán, que tal vez esperaban una portada más convencional con el grupo luciendo chaquetas de cuero. Por si eso fuera poco, osaron incluir en los créditos del disco a estilistas, peluqueros, maquilladores y modistas; lo cual airó todavía más a los fundamentalistas del rock’n’roll. Ok, objetivo conseguido: habían logrado llamar la atención con el artwork. Pero, ¿qué hay de la música?

El disco empieza de manera poco ortodoxa para lo que vendría siendo un grupo de rock. Nada de redobles de batería, ni riffs, ni arreglos de cuerda; sino con lo que parece el sonido ambiental de una cocktail-party: vasos entrechocando, rumor de conversaciones y risas; lo cual hace pensar que estamos ante una banda que está más cómoda tocando en galerías de arte que en clubs o estadios. “Re-Make Re-Model”, la canción que abre el álbum, está pensada para el lucimiento de cada uno de sus protagonistas, a modo de tarjeta de presentación. Después de la breve introducción del piano de Ferry, viene la explosión de color y glitter con un Paul Thompson marcando el ritmo entusiasta del tema y guiando el bajo de Graham Simpson, un Phil Manzanera firmando un solo de guitarra que atraviesa la canción de punta a punta, Andy Mackay vaciándose con su saxo y Brian Eno añadiendo más locura con sus sintetizadores y moduladores. A destacar la boutade en forma de guiños en medio de la canción: Manzanera con el riff de C’mon Everybody, Simpson con la línea de bajo de Day Tripper y Mackay con La Cabalgata de las Valquirias. Si tuviera que resumir esta canción en una palabra, sería FIESTA.         Roxy Music serán recordados, al menos en lo que respecta a sus primeros discos, como un grupo vanguardista, futurista, siempre a un paso por delante. Gran parte de la culpa la tienen temas como Ladytron, que empieza con Eno y Mackay construyendo una extraña atmósfera tan psicodélica como absolutamente sci-fi, sobrevolando paisajes marcianos, para después descender a la órbita terrestre, cambiar de registro y dar paso a un Bryan Ferry de lo más crooner, castañuelas incluidas, que es constantemente interrumpido por arrebatos a base de batería acelerada, guitarrazos y una línea de bajo palpitante.
El protagonismo de Brian Eno cobra fuerza en la tercera parte de “If There Is Something”, un trabajo dividido en tres movimientos claramente diferenciados, una especie de tríptico musical donde el primer segmento destaca por los arreglos pseudo-country aderezados con el piano honky-tonk de Ferry. Cuando empezamos a sentirnos cómodos en este ambiente Western, llega Mackay con su saxo y nos introduce en la segunda parte, con Ferry emocionalmente roto y consumido por la desesperanza, haciendo uso y abuso del vibrato. La tercera sección empieza con Ferry haciendo un requiebro con la voz que recuerda sospechosamente a Bowie, mientras, ahora sí, Brian Eno pone a trabajar su mellotron a tope creando un ambiente fantástico.

La afición de Bryan Ferry por el cine clásico se ve plasmada en “2 H.B.”, correspondiendo las siglas HB a Humphrey Bogart. Según su autor, la canción no es necesariamente un tributo al actor, sino más bien una oda al cine hollywoodiense en general extensible a las salas de cine que frecuentaba Ferry, y de donde tomó prestado el nombre para el grupo (“Roxy” era el típico nombre de sala de cine de la época). La canción, onírica y brumosa, captura la sensación que tiene el espectador de cine al estar completamente inmerso en su sueño de celuloide mientras contempla a Bogart y Lorre en la gran pantalla en mágico blanco y negro. Siguiendo con la tónica de titular las canciones con acrónimos, “The Bob (Medley)” viene a significar “The Battle Of Britain”. Lo de Medley hace referencia a (de nuevo) las diferentes secciones en que se divide el experimento y a las capas y capas de instrumentalización superpuestas entre sí que, junto con los sonidos de artillería antiaérea producidos por Brian Eno, recuerdan el caos de la guerra. En definitiva, un pastiche estrafalario del que, a pesar de todo, hay mucho que paladear: el saxo decadente de Mackay enmedio de la batalla, los alegres coros salidos de la nada, los lamentos de Ferry o los constantes cambios de dirección. Dudo mucho que este sea el tema preferido de ningún fan, y personalmente creo que hubiera sido mejor relegarlo a una cara B ya que rompe el tono del álbum, pero así estaban las cosas en 1972. Los autores no se arrepienten, y hasta abrieron algún concierto en su día con The Bob. Algo tendría.

Dicen los entendidos que su siguiente disco, el excelente “For Your Pleasure”, es la antesala del gothic rock/darkwave debido a la oscuridad que impregna cada uno de sus surcos. Un anticipo de esto lo encontramos en “Chance Meeting”, un tema inquietante que nos descubre el lado más siniestro de Ferry, acompañado de unas tétricas notas de piano mientras Brian Eno lanza punzantes descargas sonoras con sus maquinitas. Y como Ferry & Co. se caracterizan por confundir al oyente y no encasillarse en ningún género, el siguiente corte “Would You Believe?” es la antítesis a la canción anterior: se trata de un precioso homenaje al rock’n’roll clásico, puro revival 50’s  donde lo que más brilla es el saxo de Andy Mackay. A pesar de ello, Ferry no quedó convencido del resultado porque, según él, un tema de classic r’n’r’ le daba poco margen para la improvisación. Aún con todo, logró darle profundidad y perspectiva dentro de sus límites. Haciendo referencia a la cita de Phil Manzanera que encabeza este artículo, la música de Roxy Music puede llevarte a lugares y evocar imágenes como ninguna otra. Con un ruido de mar de fondo y Ferry lamentándose de su soledad “Sea Breezes” posiblemente sea la canción más gráfica del álbum y, paralelamente, también la más deprimente, de esas que te pueden hundir el día si te pillan con las defensas bajas. Como viene siendo costumbre, nos desorienta cambiando bruscamente de rumbo para dar protagonismo a la batería irregular de Thompson y al bajo de Simpson dejándonos con la esperanza de que progrese hacia un estado más animado. Falsa alarma: vuelve a dejarnos al lado del mar, desolados y con el alma rota.

Supongo que [nuestra música] se podría describir como hedonismo lujoso, algo que molesta a algunos. Escribimos una canción titulada ‘Bitters End’, que trata sobre un cóctel, así de simple. Lo que queremos decir es que, por lo menos, disfrutes del lujo antes de que sea demasiado tarde“.

Brian Eno

Sólo dos canciones del primer álbum tienen reminiscencias de los 50’s y 60’s. Uno es “Would You Believe?” y el otro es “Bitters End”, tema que concluye el disco y que está dedicado aparentemente a un cóctel, cerrando de esta manera un círculo que empezó con aquéllos iniciales ruidos de cocktail-party. Sobre una base doo-wop y desenfadada, Ferry va desgranando la letra hasta darnos cuenta de que, en realidad,  está bebiendo para olvidar, mientras Mackay y Eno siguen doo-wopeando de fondo para contrarrestar el pesar del narrador.

No es el primer disco de Roxy Music un trabajo de fácil digestión para el neófito, pero sentará las bases para sus siguientes trabajos y servirá de referente a la hora de incorporar nuevos géneros a su repertorio (soul, country, disco, jazz..) con un ojo puesto en la experimentación y la vanguardia, la elegancia y la decadencia.