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Sello: Frontiers

Crítica por Manuel L. Sacristán


Apuesto a que algunos de vosotros tenéis unos cuantos recuerdos asociados a “Just take my heart” y “To be with you”, dos baladas incluidas en el clásico Lean Into It, un disco aparecido en 1991, el segundo de la carrera de Mr. Big, que para muchos significó otra muesca de la dominancia del hard rock que tan sólo unos meses más tarde trastocarían Nirvana, Pearl Jam, Red Hot Chili Peppers o Rage Against The Machine, por citar algunos. Inmediatamente nos enamoramos de la música de todos aquellos personajes que ya no llevaban rímel ni los pelos cardados, y el hecho de que los mismos que adorábamos Use Your Illusion, Ceremony o el Black Album estuviésemos comprando Badmotorfinger, Ten, Sweet Oblivion, Nevermind o Blood Sugar Sex Magik significaba que, además de estar en uno de los momentos más míticos de la historia de la música moderna, la dispersión de la escena iba a afectar a la adorable panda de melenudos que hasta hacía nada copaban la MTV.

Quizá en respuesta a su propio anhelo de reeditar viejas glorias, Mr. Big se reunieron en un estudio de Los Ángeles y en cuestión de seis días grabaron el que será su noveno álbum de estudio, con una nueva gira mundial de presentación. Los miembros originales Eric Martin (vocalista), Paul Gilbert (guitarras), Billy Sheehan (bajo) y Pat Torpey (batería) se reunieron con el productor Kevin Elson (productor del debut de la banda en 1989, Lean Into It y Bump Ahead en 1993), debiendo ser ayudados por Matt Starr reemplazando a Torpey, debido a un reciente diagnóstico de la enfermedad de Parkinson.

Hoy en día apenas queda nada de eso, algo que se puede percibir nada más empezar a sonar “Open your eyes”, que suena a Mr. Big clásicos, con un riff inmediatamente reconocible de blues rock ligeramente impregnado de metal FM, y líneas sencillas con acertados coros. Es la fórmula prevista, la que les funcionó en su día y un tono que nos retrotrae a los primeros 90, donde la convivencia de esta clase de bandas con la dirección del rock se hacía cada vez más difícil. Con un solo veloz, pura escuela Van Halen, la canción deja el suficiente poso de intriga que se ve completado por el tema que titula el disco, que suena exactamente como nada que me venga a la cabeza en 2017, lo cual sin duda es la bendición de un disco como este. De nuevo un riff reconocible de Gilbert, con el bajo de Sheehan marcando toda la canción también en un estilo absolutamente propio. La canción avanza entre coros, solos de guitarra y un estribillo que recuerda ligeramente a Mötley Crüe, puro hard rock 80’s. La producción es impecable, con espacio para cada detalle.

Everybody needs a little trouble” es el primer tema realmente bluesero en el disco, un auténtico viaje al pasado del reinado de David Coverdale. “Damn I’m in love again” es una pieza acústica con un buen ritmo, moderadamente country, accesible y bonita. El disco a primera vista carece de pretensiones, pero este es de esa clase de temas a los que nunca les puedes decir que no, se percibe un toque angelino en las estrofas, un aura de desesperación (llevadera) y de nostalgia (perenne) que resulta agradable. “Mean to me” es la más marcada por la influencia de Van Halen, tanto en su riff como en el desarrollo de las estrofas. Llega el duelo intenso bajo/guitarra, con sendos solos que demuestran que el nivel de sus intérpretes no ha decaído con el paso de los años. Dedos veloces y cada nota con su fundamento. No se hace largo, no se hace pesado, y es un auténtico ejercicio de nostalgia. “Una oferta excepcional de hard rock acelerado de uno de los supergrupos más dominantes de finales de los 80”, reza la publicidad de su sello. Buen marketing sin duda, y quizá alguno podría pensar que exagerado. Pero un somero repaso a los números prueba que no lo es en absoluto.

¿Queréis nostalgia? Mr. Big llegaron al nº 1 del Billboard en 1991, PORQUE MR. BIG VENDIERON CASI 2 MILLONES DE COPIAS DE LEAN INTO IT. ¡Dos millones de copias! Entonces no reparábamos en eso: Mr. Big eran buenos músicos, técnicamente sobresalientes, motivo por el cual no eran de los nuestros al 100%, pero ahora no puedo reparar en eso mientras “Nothing Bad (Bout Feeling Good)” me incita a corear –haciendo caso a su título– con orgullo la pieza más psicodélica del álbum. No sabía muy bien cómo enfrentarme a un nuevo disco de Mr. Big en estos tiempos, y resulta que me esta sorprendiendo gratamente. No sé por qué, recuerdo el Unchain my heart de Joe Cocker del 87, o aquel fantástico debut de Alannah Myles en 1989. Es rock para la radio, rock que te hace sentirte estúpidamente bien. “Forever and back” recuerda a Rick Springfield, y mientras alguno puede sentirse perdido ante semejante despliegue de épica reforzada de coros y una ligera distorsión en acordes abiertos, demonios, ese es mi hábitat (uno de tantos), definitivamente algo a lo que no puedes resistirte una vez has visto las cuatro primeras temporadas de “Californication”. Me siento cómodo en el sonido dulce de aquellos fantásticos discos, o de los que coronaron las ondas a finales de los 80 paridos por gente con tanto talento para los estribillos redondos como Def Leppard o Bon Jovi, o aquella joya llamada 1987 de nuestros adorados Whitesnake. “Forever and back” es la mejor pieza del disco, redonda, magnífica, veo a Europe también, veo mi era (87-99) con emoción y apenas siento distancia. El disco me ha hecho volver ahí, como lo hizo hace poco el infravalorado Break the silence de Gun, con un puñado de canciones magistrales.

She’s all coming back to me now” me ha sorprendido con un riff que me ha recordado, maldita sea, a “In Bloom” de Nirvana, pero el verdadero motivo de la sorpresa era que esperaba una balada. El disco desafía mis expectativas aunque las colma sólo a ratos, pero es un sólido ejercicio de hard rock melódico, con un punto épico en su parte central, cuando la banda se centra en rodear con acierto a su vocalista Eric Martin, que donde mejor rinde es en las baladas y en los medios tiempos de hard rock FM (no lo llames AOR, aunque podrías, ¡pero no es lo mismo!). Dicho sea todo con una gran sonrisa dibujada, que se me pone cuando llega el estribillo, absolutamente redondo nuevamente, con la clásica caída que recuerda a los mentados en el párrafo anterior. “1992” es más oscura, de nuevo Van Halen asoman el morro, algo inevitable si tenemos en cuenta el formato de la banda y el momento en que nacieron. Entonces, se podía sonar a Van Halen o se podía hacer sleazy, la otra vía era el anonimato de los fanzines y el pre-grunge. Un tema sólido y potente para encarar el final del disco, al igual que “Nothing at all”, con un riff pesado y contundente antes de un nuevo estribillo reconocible que permite a la canción coger algo de aire. “Be kind” confieso que me ha sorprendido (otra vez) más por el concepto que por otra cosa: esperaba una balada acústica sacando rendimiento a su reputación, y en cambio me encuentro con un blues rock largo, muy reminiscente del mejor David Lee Roth, el que hacía una cover de Sinatra y reinaba como pocos frontmen en su día. “Be kind” nos deja con un buen sabor de boca, optimista y agradable.

El retorno de Mr. Big es una inesperada y grata noticia para cualquiera que haya amado el hard rock melódico de finales de los años 80. No es mucho para los tiempos que corren, sólo es suficiente para los que echamos de menos bandas capaces de hacer esta clase de canciones.


01. Open Your Eyes
02. Defying Gravity
03. Everybody Needs a Little Trouble
04. Damn I’m In Love Again
05. Mean To Me
06. Nothing Bad (About Feeling Good)
07. Forever And Back
08. She’s All Coming Back To Me Now
09. 1992
10. Nothing At All
11. Be Kind