Por David Mat.


Hace poco lo comentaba con el director de esta casa: Peter Steele tenía una personalidad tan compleja y contradictoria como fascinante. Sólo hay que haber seguido un poco su trayectoria, echar un vistazo a las letras de sus canciones y a las entrevistas que ha ido concediendo a lo largo de su carrera para darse cuenta de ello. O tal vez deberíamos hablar de una evolución (o involución) durante su existencia, que lo llevó de proclamar diatribas insufladas de odio hacia todo lo que no entraba en sus ideales, a difundir el mensaje de paz y amor incondicional hacia el final de su vida una vez abrazada la fe cristiana, adoptando el lema de “trata a los demás como quieras ser tratado”.

En cualquier faceta del gigante verde de Brooklyn, su peculiar sentido del humor sarcástico y autocrítico siempre estuvo presente durante toda su vida. “Slow, Deep And Hard” fue el primer disco de Type O Negative, y en un principio iba a titularse “None More Negative”; título que encajaba perfectamente con el contenido lírico y musical del álbum, ya que prácticamente se trataba de una descripción de la corrosión anímica de la que era víctima Steele tras la dolorosa y abrupta ruptura con su pareja de entonces. Una especie de disco conceptual autobiográfico, desgarrador y violento, oscurísimo y rebosante de mala hostia, mugre y miseria humana. El sonido de un hombre consumido por el odio, la decepción, la locura… pero también por la vulnerabilidad, la fragilidad y, sobre todo la dependencia.

Con el apoyo de sus compañeros de armas Sal Abruscato, Josh Silver y Kenny Hickey, nuestro hombre verde se abrió en canal esparciendo sus tripas por todo el álbum, invitando al oyente a ser partícipe de su angustia. La portada se explicaba por sí sola: un primer plano de una penetración sexual; tal vez haciendo alusión a su ex-novia poniéndole la cornamenta con otro, que nos da indicios de los que vamos a encontrar en su interior. No deja de resultar curioso que el primer disco de un grupo tenga tintes autobiográficos de este calibre, con su líder supurando un terrible odio y desprecio hacia una mujer, hacia algunas “minorías” sociales e incluso hacia él mismo por ser presa de este dolor y este aborrecimiento que le envenena; y no siempre apetece escuchar un disco de este tipo, pero cuando se está con la disposición mental para apreciarlo, se da uno cuenta de que estamos ante un genio del metal.

Steele nos expone los hechos en “Unsuccesfully Coping With The Natural Beauty Of Infidelity” sin cortarse un pelo y directo a la yugular. Desde ya, se aprecia esa mezcla entre doom/hardcore/thrash que fueron sus cimientos como banda, aunque luego incorporarían el elemento gothic que equilibraría la ecuación y les daría ese sonido tan característico, casi un género en sí, de Type O Negative. Espectacular el trabajo de Josh Silver en los teclados, especialmente en la tercera parte de la canción, dando un aire tan eclesiástico como polvoriento al tema.

Der Untermensch” (El Infrahumano, o los infrahumanos en general) es un término empleado por los nazis para designar aquéllas personas que consideraban inferiores, como judíos y gitanos. Aquí Steele lo utiliza para hacer alusión a las minorías sociales que perciben beneficios del Estado, los cuales son también objeto de la ira del cantante. No seré yo quien haga juicios de valor, ni tampoco este es el lugar apropiado; sí hay que recalcar la complejidad arquitectónica de la canción y su subdivisión en dos partes: “Socioparasite” y “Waste of Life”, títulos de una obviedad evidente, y que les granjearon las antipatías de grupos de extrema izquierda que reventaron algunos de sus conciertos en Holanda. Quizás este controvertido tema se entienda mejor dentro del contexto general del álbum y entendiendo la canción que le precede (“Unsuccesfully…”) y la que le sucede (“Xero Tolerance”). Es en “Xero Tolerance” donde Steele ve reflejada su fragilidad emocional en la dependencia económica de ciertos sectores sociales, y es justo aquí donde admite que está lleno de odio, y que la ira, esa ira generada por la traición, le está “convirtiendo en alguien que no reconoce”, tal como reza la letra del tema.

Prelude To Agony” hace honor a su título, pues es un verdadero réquiem en el que destacan los ritmos pesados de Sal Abruscato, y ese sonido tan fangoso como característico que genera la mezcla del bajo áspero de Steele entrecruzado con la guitarra de Kenny. Aquí los cambios de tiempo se van mezclando continuamente durante 12 minutos, en el que se incluyen, además, un curioso riff inicial que recuerda al “Supernaut” de Black Sabbath, ruidos de martillos neumáticos, gritos femeninos, respiraciones pesadas y Steele susurrando “pain” hacia el final. Continuando con esta premisa, llega “Glass Walls of Limbo”, curiosamente el corte preferido para el que esto suscribe. Prácticamente no podría llamarse canción, sino que más bien es un instrumental que crea una atmósfera agobiante y claustrofóbica gracias a ese ritmo creado a base de ruidos de cadenas a los que se unen cánticos de ultratumba. Una especie de descripción sonora del estado mental de Peter Steele en esos momentos.

Guardemos un minuto de silencio por Peter, porque precisamente en eso consiste “The Misinterpretation Of Silence And Its Disastrous Consequences”: un minuto de silencio sepulcral. Tiene sentido, porque nuestro hombre da toda esperanza por perdida e inicia “Gravitational Constant: G=6.67×10-8 cm3 gm-1 sec-2” con un sonoro “one two three four, I don’t wanna live no more!”. Nueve minutos considerando la posibilidad de suicidio que se dividen en cuatro partes con títulos tan explicativos como “Unjustifiable existence”, “Acceleration (due to gravity)=980cm-2 sec”, “Antimatter: electromechanical psychedelicosis” y “Requiem for a soulless man”, todas ellas con el nexo en común, aparte de la idea de acabar con la existencia de uno mismo, de la cadencia tan típicamente Type O Negative que tanto amamos los fans.

Este disco es fruto de un momento muy concreto para su autor y, como se comenta en el artículo, es recomendable tener el marco mental adecuado para poder disfrutar de esta obra como es debido y así, poder entenderlo todo en su contexto. Letras, música y estado mental forman en esta ocasión una unidad indisoluble, un todo, una especie de canción ininterrumpida de 58 minutos. Casi una hora de ira, frustración, agonía, corrosión y… efectivamente, negatividad.

Mucha negatividad.

Permaneced negativos.



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