Sello: Nuclear Blast.

Por Rafa Diablorock.


Mirando el significado de “Pesado” en la RAE, y escuchado el nuevo disco de Paradise Lost en numerosas ocasiones, podríamos decir que Gregor Mackintosh acertó en afirmar que Medusa es el disco más pesado que la banda ha editado en mucho tiempo… al menos en las acepciones 6, 8 y 9:

6. adj. Tardo o muy lento.
8. adj. Aburrido, que no tiene interés.
9. adj. Que precisa mucha atención.

Todo encajaba, Paradise Lost firman por el sello puntero de los últimos años, Mackintosh abrazaba de nuevo los sonidos extremos prometiendo un nuevo disco 100% doom, y Holmes rescataba sus registros guturales. Medusa venía a apuntillar el reencuentro definitivo de la banda con el estilo de sus años gloriosos, en la senda del brillante camino recorrido en su anterior trabajo, The Plague Within. Sin embargo, Medusa es un disco con un claro acento en demostrar la determinación de la banda por recrear un sonido, un estilo concreto; tanto, que casi se olvidan de lo más importante: las canciones.

Estamos de acuerdo en que el disco suena como un cañón, y que Holmes a las voces no resulta forzado en su retroceso estilístico, pero en general el disco adolece de ideas con la robustez necesaria para soportar tanto peso. El inicio de Fearless Sky con ese giro sabbático final quizá sea lo mejor de todo el disco, junto al despertar que supone el fogonazo de luz de Blood And Chaos, ya casi al final, cuando el disco te había bajado las pulsaciones por los suelos. Mackintosh se esfuerza en todo el recorrido del álbum por recuperar sus característicos y afilados arreglos de guitarra, lástima que sobre en un repetitivo ejercicio de previsibilidad a base de riffs tristemente anodinos. Además, esa sensación de empacho casi se convierte en acidez por la agitada pegada de un joven (y gran) nuevo batería, queriendo llamar la atención más de lo necesario, en un disco que agradecería un enfoque más pausado de la percusión.

No hablamos de un mal disco, pero se hace terriblemente difícil de escuchar por completo de una sentada, y una vez llegas a su final te quedan pocas ganas de volver a hacerlo. Seguramente habrá quien lo disfrute enormemente, quizá con la paciencia y el estado de ánimo adecuado sea más que posible; hablamos de Paradise Lost y es imposible que saquen algo malo, pero en general es un disco muy inferior a lo esperado.