Ha pasado más de una década desde que conociera de sopetón a los estadounidenses Zeke. Fue en una fría noche de invierno berlinés, y es imposible borrar de la retina, pero sobre todo de la mente, aquel impacto sonoro de energía. Presentaban el inconmensurable “Til the Livin End” [Relapse, 2004], que curiosamente supuso su último disco hasta el reciente “Hellbender” [Relapse, 2018].

Aquella noche, Blind Marky Felchtone, Donny Paycheck, Chris Jonsen y el pelirrojo Jeff Matz [High on Fire] constataron que los postulados de Lemmy Kilmister pueden ser llevados mucho más lejos. Fue amor a primera vista; de esos conciertos que lo primero que haces cuando finalizan es ir corriendo al stand del merch a comprarte una camiseta. No recuerdo intensidad igual sobre un escenario; de hecho, fue como si la propia banda hubiera sido capaz de mover el club de sus propios cimientos.

Años después tuve la suerte de entrevistar a Donny Paycheck para Popular 1; un tipo afable, fan de Kiss y Aerosmith [véanse Camarosmith], y supurante de actitud incendiaria y rebelde. Ni que decir tiene que estuvo mucho tiempo sin poder salir de su país por temas legales. Donny es seguramente el batería más rápido que he podido ver sobre un escenario desde que tengo uso de razón.

De los Zeke originales tan solo permanece Marky, con el que contactamos gracias a Frank van Liempd de Petting Zoo Propaganda, un tipo excelente, colaborador y facilitador de jugosas entrevistas, y probablemente el único que de vez en cuando sigue enviando cds promocionales de las bandas que considera que pueden interesarnos. Sin ir más lejos, fue gracias a él que descubrí a Royal Thunder hace ya algo más de un lustro. Pero no nos desviemos.

Zeke nacieron en pleno apogeo grunge en la ciudad de Seattle. Cuando le pregunto a Mark qué recuerdos tiene de aquella mítica época no duda en ir al grano:

“En aquel tiempo tan solo intentaba dejar las drogas. Dos de los miembros de la banda en la que estaba por aquellos entonces habían crecido en el noroeste del Pacífico [PNW]. Comentaban que era un buen lugar para intentar dejar la heroína; pero no resultó ser así. Aunque era increíble vivir en una gran ciudad rodeada de un espectacular paisaje de montañas repletas de bosques. Conseguí un trabajo en un bar local y dormía en la planta de arriba. Todas las noches escuchaba a bandas tocando hasta las dos de la mañana. Era una época repleta de energía. Y comencé a escribir canciones. Toneladas de ellas. Muchas de aquellas ideas acabaron siendo canciones de Zeke. Había fiestas en casas todos los días. Recuerdo a crust punks, metalheads, coleccionistas de discos nerds, y verdaderos fans del rock degustando una amplia amalgama de bandas practicando todo tipo de estilos. Lo cierto es que nunca iba a shows grunge. Zeke no éramos aceptados por nadie. Pero estuve expuesto a una gran cantidad de sonidos. La variedad era inmensa. En la actualidad existe una gran diversidad musical, pero parece que todos están metidos en el goth lo que sea. Es como una moda. Mientras que por aquellos entonces no había nadie de quién hablar. Y la atmósfera era el ambiente, en vez del rollo actual de oscuros clubs artificiales. No está mal; aunque me parece demasiado uniforme, tipo Los Angeles.”

Un cuarto de siglo ha transcurrido y muchas cosas han sucedido desde entonces en el seno de una banda que ha cambiado de formación incontables veces. Es una pena que el incombustible Donny Paycheck ya no esté a bordo, ya que junto a Marky fue una de las cabezas más visibles de la formación. Marky acepta la realidad de la banda sin remilgos:

“Creo que Zeke es cualquiera que esté en la formación en cada momento. Donny fue junto a mí el miembro que más duró, pero tiene tres negocios y muchas responsabilidades. De hecho, ahora mismo está tocando con The Delericts. Y suenan de puta madre. Me siento muy agradecido por todos los que han tocado en esta banda.”

Marky se muestra cordial, espontáneo, y prioriza el sentir frente a otros detalles más racionales. A fin de cuentas lo importante es la música, no las personas que la interpretan. Una música que no deja de expandir esencias, combustiones, y las más diversas mezclas estilísticas. Y aunque Zeke permanecen hieráticos, Marky adora todo tipo de sonidos:

“Me gustan Weedeater. Y también Sleep. Electric Wizard. Me gustan muchas cosas. Si hablamos de black metal, tengo que citar a los primeros Mayhem, Darkthrone, lo primero que hicieron Bathory – confiesa que Blood Fire Death es su preferido –, incluidos Hammerheart, Blood on Ice; me gustan Burzum… esos dulces y calmados tonos; no puedo olvidar a Celtic Frost, amo el metal, ni tampoco a High on Fire, la banda de Jeff.”

Un repaso exhaustivo a influencias y gustos sonoros que pone de manifiesto el amor incondicional de Marky por la brutalidad musical. Sin embargo, el líder de Zeke tuvo claro lo que quería desde finales de los 80’s:

“somos un proyecto de largo recorrido que lleva trabajando desde 1989; en aquel tiempo le confesé a mi novia que quería comenzar una banda estilo Motörhead. Ella se burló argumentando que todos los tíos querían empezar una banda tipo Motörhead. Lo cierto es que no me importó su reacción. Hice lo que quería. Y nació en aquel preciso momento. Aunque también contábamos con otras influencias, como por ejemplo The Gun Club, Tex and the Horseheads, Minor Threat, GBH, Slayer y muchos otros.”

Cuando le pregunto sobre los nuevos miembros de la formación nos recuerda que Kurt estuvo ahí al principio: “Estuvo en la banda entre 1993 y 1995”. También hablamos de esencias, de cambio, de evolución; a lo que replica: “No importa nada lo que yo piense sobre la esencia de la banda; somos lo que somos, no hay más que eso”.

Tiene más razón que un santo; baste con escuchar el demoledor “Hellbender”, un disco que pone de manifiesto las ganas que tiene la banda de pasarlo bien haciendo lo que mejor saben hacer: temas rápidos repletos de mala hostia. Lo curioso es que hayan tardado tanto tiempo en volver al ruedo:

“Este disco eran once temas escritos durante los últimos 8 años. Puro Zeke. Originalmente, se iba a llamar ‘Thunder in the Ozarks’, en honor a una carrera de motos que tiene lugar cerca de mi ciudad natal Fayetteville, en Arkansas. Comenzamos a grabarlo, pero tuve que regresar a mi trabajo. Cuando regresé para continuar con la grabación la banda ya se había disuelto. Mi colega Dan llamó a Kurt y le contó lo que estaba sucediendo. Kurt y yo recuperamos el proyecto y mi hermana me convenció para reescribir el álbum, algo que hicimos en dos semanas; por eso tuvimos que cambiarle el nombre. Hellbender es una ventosa carretera que zigzaguea a través de Ozarks. Por eso escogí el nombre.”

Marky permanece entusiasta, como un luchador de verdadero wrestling que sabe que esa es su vida, y que debe pelear aunque a veces le falten fuerzas. La cuestión es adivinar si ese entusiasmo se transmite de una generación a otra:

“Creo que sí. Veo a muchos críos locos por este tipo de música. Creo que el Rock todavía no va a morir”. Por eso tiene todo el sentido del mundo que Zeke continúen girando… “Hemos cerrado un tour europeo, y shows en Austin, L.A., Detroit, Minneapolis… ¡Todo va sobre ruedas! Mi único deseo es tocar rápido en directo. ¡Aniquilar! ¡Como una jodida segadora!”

Lo cierto es que un concierto de Zeke no es cualquier cosa. Dada su intensidad, se antoja como una prueba gimnástica. ¿Podrían Marky y compañía llegar a tocar 90 minutos seguidos?:“Llegamos a tocar hasta una hora. No podrías aguantar más de eso.”

Comprobamos como la temática del disco sigue por los mismos derroteros, algo que nos hace inmensamente felices: “bueno, este disco habla mucho sobre mujeres, sobre desilusión, sexo, aunque también hay odio, supongo. De hecho, hay un montón de odio. Y por supuesto el tema de las carreras, en las que siempre he estado metido. También tenemos canciones sobre camioneros de largo recorrido, rifles de asalto, Harleys, fiestas que acaban mal… y sobre sacerdotisas finesas tribales de caza que invocan espíritus de lobo para obtener ciertos beneficios… (Risas).”

Cuando le preguntamos sobre el famoso festival de Tennessee Muddy Roots Music Festival maldice los astros. Es sabida su relación con el genuino Bob Wayne y otros outlaws de nueva generación: “Íbamos a tocar en el festival, pero Kurt lo jodió todo. ¡Menudo capullo!” Después de esta respuesta tengo claro que una interesante conversación tendrá lugar con Jason Galaz. Gracias a Dios el mundo underground musical no tiene límites, y este año tendremos en Cookeville a legendarias bandas como High On Fire, Sleep o el kamikaze del desierto con sus Mondo Generator.

Para quitarle el mal de gusto a Marky le proponemos que nos cite algunos de sus discos preferidos de todos los tiempos: “Kiss – Rock and Roll Over; Lynyrd Skynyrd – Second Helping; Pink Floyd – Wish you were here; Black Sabbath – Vol. 4; Black Sabbath – Sabbath Bloody Sabbath.”

Siempre es un placer apoyar a bandas como Zeke, pues demuestran una vez más que la música y la actitud correcta debería ser siempre lo primero. Zeke you!!


Por Manuel J. González