Sello: Napalm Records.

Crítica por Bor Harper.


Monster Magnet están de vuelta y, como ese colega que ahora vive fuera y ves cada dos o tres años cuando viene a la ciudad a visitar a la familia, vuelven con un buen puñado de buenas historias que contar y con ganas de pegarse una buena juerga. Con once discos a sus espaldas (sin contar las reinterpretaciones de sus propias obras) parece mentira que Dave Wyndorf todavía tenga tantas ganas de seguir dando guerra cuando pasa de los 60 años. Porque a estas alturas una cosa está clara: puede gustar más o menos, pero Monster Magnet es la banda de Dave Wyndorf.

Ya desde la propia portada del disco, donde nos encontramos a nuestro viejo amigo Bull God, Wyndorf y los suyos parecen dejar bien claro que no debemos esperar la reinvención de la rueda: esto es un disco de Monster Magnet y lo que va a sonar es justo eso. Intención que queda mucho más clara al escuchar como “Rocket Freak” abre el disco con un riff sencillote pero muy efectivo, con un Dave Wyndorf clamando a los cuatro vientos “Oh my god, I totally suck!”. Un tema directo que en ciertos momentos hace que me acuerde de bandas como Hellacopters o Gluecifer, dándole un cierto aire punk que la verdad es que le sienta muy bien al sonido de la banda. Sin dejarnos respirar “Soul” ataca con un riff que es puro Monster Magnet de la época Powertrip. Con un estribillo que pide a gritos que acompañemos a Dave coreando los “all right!”, y un final explosivo que en directo puede ser la absoluta bomba. El primer single y canción que da título al disco “Mindfucker” tal vez no consiga “follarnos la mente” así de primeras, para mi gusto tarda un poco en arrancar, pero cuando llega a ese primer estribillo desde luego que ya estás completamente convencido y enganchado, va a resultar imposible no unirse a Dave y preguntar “Why you gotta fuck with my head?” cuando escuchemos este tema en directo.

Tras oír a Wyndorf desgañitándose gritando “I’m God!” como un poseso en el cuarto corte del disco, llegamos al tema más largo, reposado y psicodélico del álbum, “Drowning”. Llegados a este punto se agradece que levanten un poco el pie del acelerador y podamos disfrutar de la faceta más espacial de la banda. Un logradísimo y pesado viaje que habría encajado muy bien en el anterior álbum de la banda, “The Last Patrol”. No es poco habitual encontrarse con versiones en los discos de la banda de New Jersey, “Ejection” de Robert Calvert (Hawkwind) es la elegida en esta ocasión. Personalmente, no estoy nada familiarizado con la original, pero desde luego sí puedo decir que no desentona en el conjunto del disco, aunque tratándose de un disco de tan solo 10 temas, tal vez hubiese preferido que incluyeran más material original. “Want Some” es un tema hard rockero la mar de resultón, posiblemente no se convierta en un clásico de la banda, pero poco molesta y bastante divierte. Seguimos con “Brainwashed”, tal vez el tema que más me ha llamado la atención; una canción con aire rockabilly-punk que podrían haber firmado perfectamente Supersuckers. El disco reserva lo mejor para el final, “When the Hammer Comes Down”, tema que no habría desentonado para nada en “Dopes To Infinity”. El martilleante riff del título de la canción cae y nos golpea una y otra vez durante sus casi seis minutos, con el clásico efecto de distorsión en la voz de Wyndorf que nos recuerda una vez más al space stoner rock que mejor sabían hacer en la época de mayor esplendor del grupo. Siendo un disco que funciona precisamente por ser una propuesta más directa que su predecesor, es curioso que los momentos en los que más brilla sean precisamente en los que baja de revoluciones y nos lleva por caminos psicodélicos y espaciales, como en el tema que cierra el disco o “Drowning”.

Wyndorf no se ha calentado la cabeza a la hora de engendrar “Mindfucker”: un disco directo, tal vez algo más punk que nada de lo que hayan hecho antes, pero sin excesivas ganas de innovar ni de cambiar nada. Hay ciertas bandas a las que les sienta bien simplemente hacer lo suyo y no tratar de descubrir nada nuevo, pero a pesar de ello sus obras suenan frescas y te recuerdan por qué llevas años escuchando rock y nunca te vas a cansar de hacerlo. No hay duda de que Monster Magnet son una de esas bandas. La visita se ha acabado, nuestro amigo vuelve a su vida y nosotros nos quedamos satisfechos con una sonrisa de oreja a oreja esperando su vuelta, sus nuevas historias y una nueva juerga que, igual que las miles que nos hemos corrido juntos, nos ha dejado con una terrible resaca pero con ganas de más. Vuelve pronto, nos alegraremos de volverte a ver y comprobar que nada ha cambiado. Te recibiremos con los brazos abiertos.