Crónica Roadburn Festival 2018.
19, 20 21 y 22 de abril.
Tilburg – Holanda
Fotos por Niels Vinck y Paul Verhagen.

Crónica por por Gonzalo Rodríguez.

Cuarta y última entrega de nuestra crónica del recientemente concluido Roadburn Festival 2018.


Y llegamos al domingo. El cansancio era evidente después de llevar tres intensos días de conciertos, sol y mucha cerveza; pero la ilusión de encarar el ultimo día de Roadburn permanecía intacta, la misma que cuando llegas por primera vez y sabes que te espera por delante el mejor festival del mundo. Si a esta bonita ilusión le añadimos un cartel que estaba a la altura, incluso diría que personalmente era uno de los mejores días, la cosa prometía, y mucho, con grandes y excitantes propuestas.

El día empezaba en la sala principal del 013, con uno de esos conciertos especiales que solo en el Roadburn puedes disfrutar. Desde el 2016, la imparable escena islandesa de black metal ya forma parte de la historia del festival, y así lo demuestra la confianza depositada en una serie de músicos islandeses para componer una de las obras musicales hechas íntegramente para el festival. Bajo el nombre de Vánagandr, miembros de Misþyrming, Naðra, Svartidauði y Wormlust ejecutarían una destructiva pieza sonora llamada Sól án varma(Sol sin brillo). Más de una hora de gélido y caótico black metal mezclado con dark ambient y una puesta en escena espectacular con imágenes de explosiones solares. Pelos de punta de solo recordarlo. Uno de los mejores conciertos de todo el festival.

Mientras, a primera hora de la tarde, en la iglesia Het Patronaat teníamos a otro de los protagonistas de este año, Bell Witch. Tras la actuación del previo día, la expectativa de disfrutar de nuevo de los norteamericanos se antojaba escéptica: ¿cómo superar la excelsa interpretación de “Mirror Reaper”? La cuestión es que discos como “The Four Phantoms” [Profound Lore Records, 2015] bien valían la pena. Sin embargo, la incorporación del líder de Aerial Run a las voces hizo que desconectáramos fácil de su actuación; su pomposidad choca literalmente con la simpleza visual de una banda que es principalmente música.

Volviendo al 013, pero en este caso a la Green Room, los norteamericanos Watter nos presentaban “History of the Future” [Temporary Residence Limited, 2017], un disco que nos transporta a las vastas extensiones de belleza yanqui, navegando entre componentes electrónicos, épicas guitarras y una más que sutil rítmica. Watter consiguen que cerremos los ojos y soñemos con un mundo mejor. ¿Cómo no rendirse a temas como “Shadow Chase”?

Es raro el año que el colectivo Church of Ra no esté presente en el festival, y este año esa presencia corría a cargo del grupo más salvaje del colectivo, Wiegedood. Presentaban la tercera parte de su flamante “De Doden Hebben Het Goed III” [Century Media, 2018], aunque el fulgurante inicio corrió a cargo de “Savanesang” de su primera obra. Su propuesta es sencilla pero muy efectiva y su black metal cortante, de herencia puramente nórdica, triunfó en un Main Stage que cayó rendida antes los belgas.

Y pasamos de la rapidez del black, a la lentitud del sludge doom. El proyecto del multiinstrumentista M.S.W., Hell, salía a escena para hacer honor a su nombre y traer el infierno a un Het Patronaat que ardería por las altas temperaturas, unas abrasivas guitarras y las infernales voces de M.S.W y A.L.N (Mizmor). Las brutales composiciones de su álbum homónimo fueron cayendo una a una, creándose agónicas y asfixiantes atmósferas, quemando a cada uno de los allí presentes.

La magia del Roadburn reside en poder pasar de un concierto de doom a uno de electrónica; Después de Hell rápidamente nos posicionamos en el Main Stage para ser hipnotizados por Zonal (Justin K. Broadrick + Kevin Martin aka The Bug). El proyecto, anteriormente conocido como Techno Animal, ha resurgido de entre las cenizas gracias estos dos genios, para traernos de nuevo esos sonidos experimentales de discos tan esenciales como “The Brotherhood of the Bomb” [Matador, 2001]. Con un escenario oculto entre el humo y luces rojas, el dúo fue construyendo un muro de graves y bajos de ultratumba, diseñando atmósferas industriales que envolvían la inmensa sala, induciendo al personal a un profundo y poderoso trance. Su narcótico dub estaba acompañado por la increíble Moor Mother al micro; sus fraseos y rapeadas demostraron que en el Roadburn todo es posible.

De vuelta al Patronaat, atendemos la actuación de los canadienses Big Brave, que por momentos evocan la esencia de formaciones noventeras como Sonic Youth o P.J. Harvey, sobre todo por el histrionismo sonoro. Sin embargo, son bandas como Earth o Boris las que pudieran ser sus influencias reales. Liderados por la atractiva Robin Wattie, el potente trío presenta el contundente “Ardor”, un disco que en directo tiende a hacerse algo repetitivo, a pesar de la efectividad con la que es ejecutado por una banda perfectamente engrasada.

La segunda actuación de Godspeed You! Black Emperor no ofrecía demasiadas novedades con respecto al show del primer día. Curioso es además que recuperen temas de su último disco ya ejecutados en la jornada previa. Imagino que al ser el día extra del festival, debieron pensar que el público podría variar con respecto al del día anterior. En todo caso, cumplieron, tocando además uno de sus temas míticos, el enorme “Mladic”. Rescataron también “Dead Metheny” y “The Sad Mafioso” del delicioso “FA∞”, contenidas en las piezas “East Hastings” y “Providence”, respectivamente. El cierre con “String Loop Manufactured During Downpour…” es para quitarse el sombrero. Una de las bandas más significativas del fin de semana.

Mientras las delicadas melodías de GY! BE sonaban en el Main Stage, Wolfbrigade volvía a elevar la temperatura del Patronaat con su incendiario crust punk. Al igual que el año pasado con Disfear, la iglesia se convirtió en una olla a presión con innumerables circle pits y gente volando por nuestras cabezas sin parar, al son de canciones como “Nomad Pack” o “Kallocain”.

Aunque pueda parecer una tomadura de pelo, lo de Gost es de otro planeta. Sí, un tipo con zapatos de charol dándole a un botón mientras la sala Green Room a reventar estalla en un éxtasis total y contagioso. Aquello parecía más bien una rave post apocalíptica de jodidos metalheads descerebrados que un concierto propiamente dicho. ¿Y qué decir de un disco como Possessor [Blood Music, 2018]? Pues parecerá exagerado, pero de momento se antoja como uno de los discos del año. Imposible no enamorarse de temazos como el ochentero “Malum” o el gótico “Sigil”. Bravo, Gost. Como curiosidad, citar al mozo de escenario, calavera en mano,  que acompañaba al ‘disc-jockey’ mientras este nos ponía a todos a bailar. Hilarante es poco.

El fin de fiesta, de la manera más bizarra posible, corría a cargo de los japoneses VMO (Violent Magic Orchestra). Black metal con bases digitales, noise, interludios de piano y unos vocalistas recién salidos del manicomio; poco más se puede decir, pero una vez más lo imposible se volvió a hacer realidad en el festival holandés.

Y con ese último concierto se ponía fin a la decimonovena edición del Roadburn. Un festival que año tras año no deja de expandirse a más y más géneros y estilos, logrando con ello, expandir nuestras mentes también. Un festival que cuida de manera especial cada uno de los detalles que lo conforman, y como no, a su fantástico público, consiguiendo que una vez vives la experiencia quieras repetir una y otra vez; por algo es el mejor festival del mundo.

Por Gonzalo Rodríguez.


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