Brendan Perry y Lisa Gerrard, conocidos colectivamente como Dead Can Dance, forman un tándem cuya música es difícil de etiquetar. No es Rock, porque su música no contempla las estructuras típicas de la música del diablo, y carece de los instrumentos propios del género (a excepción de unos eventuales bajos y baterías). ¿Dark Wave? ¿Experimental, quizás? Podría, pero tampoco. De hecho, la música del dúo australiano está más allá de géneros y de etiquetas. De hecho, transciende el tiempo y el espacio, pues no se adapta a un lugar ni época en concreto.

Spleen and Ideal” es su segundo disco, que se asienta perfectamente entre el post-punk de su álbum homónimo de debut y el estilo neo-clásico/folk que será referente en los siguientes trabajos, siendo pues esta obra una bisagra perfecta entre los dos mundos; mundos en los que imperan las atmósferas de otra naturaleza y sonoridades de otra era.

Se abre el disco con De Profundis (Out Of The Depths and Sorrow), tan majestuoso como agorero, que podría servir perfectamente de fondo musical para el fin del mundo; un corte marcado por la percusión y por los cánticos en glosolalia de Lisa Gerrard. Si De Profundis evoca el apocalipsis, el siguiente tema, Ascension, es la reunión con lo Eterno, con lo Infinito, son los trombones sombríos y solemnes los que nos conducen a través del túnel hacia… ¿la luz? Circumradiant, el tercer corte, tampoco augura que nos encontremos en terreno familiar; es más, acentúa la sensación de desasosiego gracias a ese sonido tan extraño y obsesivo que acompaña toda la canción, como si de una armónica lánguida y desafinada se tratase. Brendan Perry se despierta en The Cardinal Sin ofreciéndonos un tema más convencional, con un ritmo pseudo-jazzy. Es sólo un respiro, porque luego llega Mesmerism y nos atrapa en esa cadencia acelerada fruto de unos arreglos de cuerda y, sobre todo, una extraña percusión y un misterioso tono grave que se repite durante todo el tema. Enigma of the Absolute es, tal vez, el remanso de paz de “Spleen and Ideal”. A pesar de los timbales poderosos que marcan el ritmo de la canción, la melodía trazada por los punteos de algún instrumento antiguo de cuerda es tan cautivadora como acogedora. Advent es tal vez la canción más discreta del disco, y en Avatar, Lisa Gerrard vuelve a tomar la voz cantante y se convierte en una sacerdotisa envuelta en un ritmo hipnotizante. Cierra el disco Brendan Perry poniendo voz a Indoctrination (A Design for Living), de nuevo, con un extraño juego de percusión jazzy y aires místicos.

Así es “Spleen and Ideal”. 38 minutos de viaje a través de atmósferas de otro mundo, otro lugar, otro tiempo.