Controvertido grupo es Death In June, y no es para menos, pues sus flirteos con la parafernalia nazi les han dado más de un disgusto. Lejos de conformarse con coleccionar artilugios del III Reich como hacía Lemmy, Douglas Pearce (el hombre detrás de Death In June) va más allá e incorpora todo tipo de simbología nazi en sus portadas, en los títulos de sus discos, en las letras o en la indumentaria paramilitar con la que suele posar en las fotos promocionales. Para el neófito, esto puede resultar escabroso e insultante, pero el oyente veterano que ha leído entrevistas sabe perfectamente que Douglas P está a la izquierda del espectro político y que todo el tinglado nacionalsocialista es sólo puro artificio para jugar con la ambigüedad, aunque le censuren y cancelen conciertos, como por ejemplo en Lausanne. En esta ocasión, nuestro hombre no se hizo demorar y respondió contundentemente con una canción, «Gorilla Tactics», incluida en Operation Hummingbird:

«A través de calles estrechas / con mentes estrechas / Suiza ha quedado fuera de tiempo

Con relojes de cuco / y mentes de cuco / Ku Ku nena – «¡Formad filas!»

Sus bancos están llenos de oro nazi / Y sin embargo Death In June están censurados / Según me han dicho

Douglas P está censurado en Lausanne / Esa hermosa ciudad de Suiza / Esa aguja limpia en Yonkilandia.»

Volvamos al disco. Operation Hummingbird es otra manera de llamar a la «Noche de los cuchillos largos», un cruento episodio (como todo lo que tiene que ver con el nazismo) del Imperio en el que el Führer mandó ejecutar a aquéllas facciones del Partido que representaban una amenaza contra su poder. Aquí Death In June se alejan de las evocativas y melancólicas composiciones Neofolk propias de joyas como But, What Ends When The Symbols Shatter? o Rose Clouds Of The Holocaust para adentrarse en terrenos absolutamente castrenses, canciones de marcado corte marcial, pero al mismo tiempo muy ricos en instrumentación, gracias en parte a la colaboración de otro gigante del Ambient/Martial Industrial como es Albin Julius de Der Blutharsch; e incluso añaden un poco de psicodelia juguetona reminiscente de bandas californianas en «Flieger», sonando como si los Beach Boys se hubieran criado en la Alemania nazi. No es un disco para escuchar mientras uno toma el sol en la playa, precisamente. A pesar de darnos algún respiro en los 28 minutos que dura, es un trabajo con una encantadora atmósfera opresiva y tintes de Industrial que incita a ponerse el casco prusiano y salir a invadir algún país.