Fue prácticamente el primer grupo punk en nuestro país, a pesar de que no tenían ni puta idea de quiénes eran los Sex Pistols ni The Clash. Ellos se limitaban a escuchar lo que emitían en la radio a mediados de los 70 (rock progresivo, jazz rock layetano, con un poco de suerte algo de Purple) y a escuchar discos de Rory Gallagher y blues. Abarcaron casi todos los estilos e influencias que estaban a su alcance, aprendieron a tocar sus instrumentos sin más profesor que el propio entusiasmo y lo utilizaron todo como revulsivo para vomitar toda la angustia que suponía vivir en el barrio de Sant Ildefons (Cornellà de Llobregat) de los años 70: una barriada de inmigrantes de otras regiones españolas anexionada al cinturón urbano de Barcelona escupida de la boca de Dios, de currantes y curriquis, de calles sin asfaltar, de quinquis, olvidada, azotada por la delincuencia, la pobreza, la inseguridad y el olor de aceite de cocina barato que se adhiere al narizón. Y siempre, siempre con barro hasta el pantalón.

El primer disco de la Trapera es una crónica fiel, una radiografía perfecta, una fotografía de un lugar y un tiempo muy concretos. Ninguna discográfica quiso en su momento apostar por ellos y tuvieron que bailar con la más fea: la Belter, sello de Manolo Escobar y otras estrellas de la canción ligera española, que no sabía lo que se le venía encima. Cinco auténticas ratas de cloaca de la Ciudad Satélite que tenían la música como única vía de escape ante tanta decadencia:

Modesto Agriarte «El Tío Modés», virtuoso guitarrista autodidacta malagueño, también apodado «El Metralleta» por su letal forma tan killer de tocar su Gibson, criado a base de Rory Gallagher y mucho blues. Falleció en 2004 después de luchar durante largo tiempo contra una enfermedad pancreática.
Emilio Hita «Rockhita», guitarra rítmica y bajista ocasional sustituyendo a «El Llobregat», murió en 2006 vencido por un cáncer.
Raf Pulido, el motor de la banda, tal vez el que más influencias progresivas aportó a la banda. Se lo llevó un cáncer de garganta en 2010.
Salvador Solano «El Llobregat», primer bajista que, tras grabar el disco, fue secuestrado para cumplir con la «mili» y volvió con sus facultades mentales tan trastocadas por la experiencia que tuvo que abandonar el grupo.
Miguel Ángel Sánchez «Morfi Grey», vocalista, bocazas y provocador oficial de la Trapera.

De esta manera, a ritmo de blues frenético, hard rock y toques progresivos, nuestros cinco quinquis ibéricos favoritos van desgranando descaradamente y sin florituras su visión de la sociedad y las altas esferas en «Eunucos Mentales» y «No Dáis La Cara«, un corte dominado por un rápido ritmo jazzy con pasajes entre el hard rock y cambios de ritmo proggies; la delincuencia como forma de vida en «Curriqui de Barrio«, un arrebato punk con juego de guitarras enfebrecido; los estragos de los malos vicios en «Confusión«, dos gamberradas en la forma de «Meditación del Pelos en su Paja Matinera» y «La Regla«; y la vida en un barrio marginado y castigado en «Venid a las Cloacas«, «Ciutat Podrida«, «Nos Gusta Cagarnos en la Sociedad» y «Nacido del Polvo de un Borracho y del Coño de una Puta«, la primera un pelotazo hard rock, la segunda un solvente rock’n’roll, la tercera un rock’n’blues muy vacilón y la última un blues muy decadente y sucio, el broche de oro para un disco injustamente infravalorado, a pesar de que ha sido muy influyente para bandas venideras.


LA BANDA TRAPERA DEL RIO. trapera