RESURRECTION FEST – Viveiro – 11, 12, 13 y 14 de Julio 2018.

Por Carlos Salcedo Odklas.

Fotos: Juan Morillas


Llegaba por fin la cita marcada a fuego en el calendario de muchos metaleros del país, el Resurrection Fest de Viveiro, todo un clásico ya del panorama que este año celebraba su decimotercera edición. Estamos ante un festival que no ha hecho más que crecer y crecer, y que pareció alcanzar ya su cima en sus dos pasadas ediciones, con cabezas de altísimo standing como los legendarios Iron Maiden en 2016 o los espectaculares Rammstein en 2017. Precisamente hacía unos años que no me dejaba caer por este festival, concretamente desde el 2015, y tenía muchísima curiosidad por ver qué iba a encontrarme y comprobar si ese crecimiento, con todo lo bueno y lo malo que implica, modificaría demasiado la experiencia que recordaba en mi mente.

Efectivamente hay que reconocer que en este tiempo la cosa ha ido creciendo, el recinto ha ganando bastante en vistosidad y carácter, especialmente en el plano decorativo y funcional. Hace unos días Iván Mendez, coordinador del festival, declaraba en una entrevista que «intentamos que el recinto del festival sea un verdadero parque temático del rock & roll», y sin duda lo están consiguiendo. Siempre habrá voces que añoren aquel pequeño y familiar festival underground de punk y hardcore que se celebraba en el campo de fútbol hace ya bastantes años, igual que algunos añoramos la época previa a los móviles o a los he-man, pero es de sabios y de ambiciosos querer crecer y el Resu, a día de hoy, es sin duda uno de los mejores y más grandes festivales de metal de la península, y quien no se alegre de tener algo así en plena costa gallega debería hacérselo mirar.

Este año ha venido marcado también por un cartel algo atípico y que se lo ha puesto en bandeja a los haters. Se esperaban los dos cabezas más «circenses» de la historia del festival (Kiss y Ghost), así como un buque insignia del metal más clásico que casi nadie se habría imaginado en un Resu (Scorpions). Mucho se ha opinado en las redes al respecto, pero la realidad es la que es, y con la burbuja festivalera en pleno auge sin duda podemos imaginarnos que el mercado tiene que ser feroz. Ante este panorama el Resu ha intentado jugar sus cartas de la mejor manera posible para poder ofrecer un cartel que sea grande, mediático, variado y de calidad.

 Ya desde primera hora del Jueves se respiraba un ambiente de ilusión ante lo que se avecinaba, y también de tranquilidad al comprobar que el clima, siempre turbulento en la zona, parecía dispuesto a dar un respiro. Muchos ya arrastraban sobre sus hombros una jornada de presentación, a la que por desgracia no acudí, donde los veteranos Ministry parecieron reinar, algo que no me sorprende en absoluto.


Galería de fotos Warm-Up Fiesta de presentación.

Los puntos de recogida de pulseras y accesos al recinto estaban muy bien organizados, evidentemente en algunas horas críticas se apreciaba algo más de movimiento y espera, pero en general el trámite resultaba siempre rápido y fluido. Lo mismo se puede decir de la densidad de gente una vez en el interior, no había excesivos agobios ni siquiera durante las bandas más grandes. El ambiente no resultaba opresivo en ningún momento, ni para moverte entre actuaciones ni en las visitas a las barras o los baños, todo ello debido a una estupenda disposición de todos los elementos. No creo que nadie tuviese que sufrir largas esperas para llevarse una buena birra fresca a los labios o para acercarse a ver a alguna de sus bandas favoritas, y eso siempre es una delicia en estos eventos donde es muy sencillo hacer las cosas mal. También mencionar que los distintos empleados del recinto, tanto en barras como en las diversas casetas, eran siempre amables y estaban informados. Pequeños detalles que acaban resultando determinantes.

Para desconectar un poco entre actuaciones se disponía de una nutrida sección de merchandising, así como diversos puestos de restauración y ocio por los que pasear, realizar compras y comer algo. Estas zonas se situaban junto a los escenarios Chaos y Desert, en la parte derecha del recinto y ligeramente alejadas del trajín de los dos escenarios principales, lo que ayudaba a evitar agobios y aglomeraciones. Quizás por poner alguna pega mencionar la falta de iluminación por las noches en ciertas áreas, algo a tener en cuenta y que debería intentar mejorarse (que la gente a altas horas de la noche suele ir ya algo pedo hombre).

Por su parte el lado izquierdo del recinto quedaba reservado para la enorme explanada que albergaba los dos escenarios principales, rodeados por más barras y baños, así como el stand de firmas y el área vip o Pandemonium. Respecto al área vip mencionar que resultaba bastante acogedora, contaba con sus propias barras de bebida, mesas, baños e incluso un tipo preparando cócteles. También se situaba por allí el agradable espacio para la prensa, que contaba con todo lo necesario para facilitar el trabajo de los medios. Ascendiendo por una rampa accedías a la famosa terraza vip, con sus tumbonas y demás y desde donde la visibilidad hacia el escenario principal era simplemente perfecta. Algunos asistentes se quejaron de que este espacio se quedó un poco pequeño en los eventos más multitudinarios como Scorpions o Kiss, por lo que no garantizaban una visión perfecta durante los mismos. Pero bueno, eso también ocurría en la pista, es algo normal ante bandas que arrastran a tantísima gente, así que menos quejas ricachones.

Mencionado brevemente el recinto y sus particularidades es el momento de empezar con los conciertos. Obviamente no he podido cubrir la totalidad del festival, ya solo mirar por encima las tablas horarias provocaba vértigo (nada menos que 100 bandas en 3 días), por lo tanto y como es habitual pido disculpas si no veis reflejada la opinión sobre alguna de vuestras bandas favoritas. Por supuesto estáis invitados a discutir y ampliar esta crónica a través de la sección de comentarios, así que no seáis tímidos y expresad vuestra opinión. Vamos al lío.


     JUEVES 12

Para un servidor el festival dio el pistoletazo de salida con el combo leonés Los Montañeros de Kentucky. A pesar de la temprana hora tuvieron a su favor el realizar su descarga el primer día, ante un público impaciente y enérgico que abarrotó la carpa consiguiendo una entrada bastante notable. Sin duda la gente tenía hambre de caña y se entregó desde el primer momento, saltando, gritando y desfasando ante su propuesta de metal y hardcore directo, rápido, sincero y sin florituras que puso aquello patas arriba. El sonido acompañó totalmente, resultando potente a la vez que cristalino, así como la entrega de una formación totalmente compacta y engrasada donde destacaba la presencia y carisma de su frontman Ivo, así como el buen hacer del batería Iván. Descargaron temas de su disco debút Motosierra Style, arrasaron con lo que vieron y se fueron dejando un muy buen sabor de boca entre fieles y curiosos, una banda sin duda a tener en cuenta dentro del panorama metálico nacional.

Tras diversos trámites logísticos pude acudir a la inauguración del escenario principal por parte de la banda Dawn of the Maya. Los de Pamplona realizaron una actuación agridulce, no por la entrega de sus miembros que resultó intachable, sino por tratarse aparentemente del punto final de la banda. Dieron un recital de metal furioso basado en toda su discografía que emocionó a un público entregado a pesar del calor. El sonido fue mejorable, algo que resultaría ser la tónica en el escenario grande que, como suele ser habitual, fue el que sufrió de más altibajos durante las tres jornadas. También sufrieron algún pequeño percance técnico que solventaron con profesionalidad. Siempre es una lástima que una banda luchadora decida poner fin a su trayectoria, pero si realmente este ha sido el último concierto de Dawn of the Maya al menos consiguieron despedirse por todo lo alto, llegados a este punto solo nos queda mostrar nuestro respeto y agradecimiento a la banda por su música durante todos estos años.

Poco antes de las seis de la tarde se subían al escenario Jinjer. A esa hora ya se empezaba a notar una mayor afluencia de público, consiguiendo reunir a un buen puñado de gente y multitud de fans en las primeras filas. Al comienzo de su actuación el sonido fue algo flojo en general, particularmente en el apartado vocal, por suerte eso se fue solucionando con el caer de los primeros temas. Reconociendo de antemano que su propuesta no es precisamente de mis platos favoritos no puedo negar que con Tatiana Shmailyuk nos encontramos, sin lugar a dudas, ante una de las mejores frontwoman de la actualidad, no solo por su presencia y carisma, sino también por su increíblemente variado registro y rango vocal, con una facilidad increíble tanto para las melodías suaves y comerciales como para los guturales más salvajes. Increíble lo de esta chica, y aunque ella acaparaba casi todas las miradas sería injusto no reconocer la profesionalidad y solvencia de toda la banda, demostrando sus miembros una elevada pericia técnica, en especial el bajista Eugene, consiguiendo que sus intrincados temas de metalcore con toques djent sonasen perfectos y que el ritmo del concierto no decayese en ningún momento. Los fans salieron de la actuación flotando en una nube, y aquellos algo más escépticos como un servidor también quedaron satisfechos y sin absolutamente nada que reprochar a la formación ucraniana. Con actuaciones como esta no les va costar nada conseguir un buen puñado de nuevos fans, estoy hasta por subirme al carro.

El relevo lo recogían Nostromo en el escenario Ritual. Su música, mezcla de hardcore y grind, me resultó algo genérica, pero sin duda iban sobrados de actitud. El concierto fue de menos a más según iban arrojando sus temas cortos y tremendamente rabiosos, consiguiendo que al final el público reaccionara. El sonido fue sorprendentemente bueno teniendo en cuenta la propuesta, pero por desgracia el volumen estaba un poco bajo.

Con la llegada de Overkill venía la primera ración de thrash metal de la vieja escuela. Comenzaron con el sonido de las guitarras poco presente en la mezcla pero se subsanó rápidamente, algo de agradecer ya que la labor de Dave Linsk con la solista fue absolutamente deliciosa. También estuvo a un gran nivel el bajista D.D. Verni. En cambio Bobby Ellsworth me decepcionó ligeramente, a pesar de su carismática pose chulesca resultó excesivamente estático, y tampoco pasó de correcto en su labor con el micrófono. El público también estuvo algo tibio al principio, pero fue poco a poco emocionándose y para cuando cayó Electric Rattlesnake aquello ya era una fiesta de mosh y circle pits celebrando el thrash ochentero. Tras puñetazos como In Union we Stand o Elimination la gente ya se había sometido a la formación, desfasando de forma impresionante durante los temas y coreando con fuerza el nombre de la banda tras los mismos. La enérgica reacción sorprendió al propio grupo, y pudimos ver al batería durante algunas pausas grabando el panorama en el teléfono móvil para su archivo personal. Se despidieron, como no podía ser de otra forma, con Fuck You, y por la ovación sin duda el público quedó totalmente satisfecho.

Acudí seguidamente a la carpa Chaos para presenciar la actuación de Crystal Lake, y lo hacía como un mero espectador curioso más ya que no conocía demasiado a la banda japonesa. Decir que salí de allí totalmente sorprendido y entregado a la causa. Los de Tokyo dieron un bolazo impresionante. Divertidos, caóticos e increíblemente enérgicos fueron arrojando sus temas, mezcla de metalcore, djent y progresivo, ante una carpa abarrotada que sin dudas se quedó pequeña, algo a lo que ayudó el hecho de que no sufrieran ningún solape. La gente se acabó volviendo casi igual de loca en la pista como los músicos en el escenario y aquello fue todo un espectáculo. Estoy convencido de que cualquiera que estuviese por allí viéndolo, aunque fuese desde lejos comiéndose un bocata y sin conocer al grupo, acabó enamorado de los japoneses. Sin duda ganaron nuevos fans, y de una forma totalmente merecida. La gran sorpresa de la primera jornada.

Tras el descoloque de Crystal Lake tocaba Anti-Flag en el escenario principal, y aquí sí sabía lo que podía esperar. La banda americana acudía a saciar la sed de punk rock con su propuesta desenfadada, de temas directos y estribillos coreables y cumplieron de sobra con su público. Justin Sane resulta un frontman cercano y con carisma, arengando constantemente al público, expresando sus opiniones ideológicas y consiguiendo montar la fiesta que se exige a este tipo de música. La banda sonó compacta y profesional, algo lógico en una formación que cuenta ya con una decena de discos a sus espaldas. Circle pits, crowdsurfing y pogos sin descanso se formaban por todas partes mientras sonaban himnos como Turncoat, 1 Trillion Dollar$ o This is The End (For You My Friend). Entre medias de tanto clásico también sacaron tiempo para presentar algunas canciones de su nuevo álbum, American Fall, como American Attraction o The Criminals, que no desentonaron en absoluto. Como decimos una auténtica fiesta, en la que incluso participaron los ResuKids en su recta final. Una banda entregada a su público y un público entregado a una banda, como debe ser, y es que Anti-Flag nunca defraudan.

Y vuelta nuevamente a la carpa para ver a Stick To Your Guns. Los americanos congregaron a bastantes fans, a los que se veía con muchas ganas de la banda y a la que arroparon desde el primer momento. Personalmente su hardcore punk me resultó demasiado inofensivo, con progresiones y estribillos básicos y coreables. Algo que no parecía importar a sus seguidores, a los que se veía disfrutar bastante. Aunque me resultaran planos e inofensivos está claro que sus composiciones son increíblemente pegadizas, lo que revirtió en un ambiente muy movido y desenfadado y, a pesar de que tampoco tuvieron la mejor de las suertes con el tema del sonido (especialmente en el apartado vocal), su base de fans, compuesta por los asistentes más jóvenes del festival, salió encantada de allí.

Y llegaba por fin uno de los platos fuertes de la jornada y de los momentos más esperados entre la audiencia, la visita de Stone Sour al Resurrection Fest. La cuestión es: ¿La gente estaba tan entusiasmada por la banda, o solo por Corey? Ahora ahondaremos más en ello. En cualquier caso, en torno a las 10 y media y tras la intro de los Blues Brothers, saltaban Corey y sus secuaces al escenario interpretando Whiplash Pants, uno de los mejores temas de su último disco Hydrograd, que venían presentando. Tras este tocaron Absolute Zero, uno de sus clásicos. La respuesta del público estaba siendo tibia, y aunque la gente se fue animando poco a poco con el discurrir del concierto no podemos decir que fuese espectacular en ningún momento, incluso a pesar de la entrega de Corey Taylor, cuyo carisma, profesionalidad y tablas están fuera de toda duda y que se dedicó a animar constantemente al respetable, ya fuese bromeando, o lanzando agua y confeti. Sin duda estamos ante uno de los frontmans con más carisma y más queridos del metal, pero creo sinceramente que a Stone Sour, como banda, el escenario les quedó un poco grande. Quitando a su base de fans fieles a muchos el concierto nos resultó un poco pesado. Tampoco creo que ayudase la elección del un set list que considero pudo ser mejorable. No pretendo en absoluto faltar el respeto a la banda ni a sus fans con lo que voy a decir ya que Stone Sour son una banda de buenos músicos con algunos temas notables, pero creo sinceramente que no tendrían, ni de lejos, un estatus tan alto en el panorama musical si en sus filas no militase «el cantante de Slipknot». Por cierto, Corey Taylor se dedicó a poner ojitos a la organización luciendo camiseta del festival, ¿significará eso que ya están tramando algo para futuras ediciones? Interesante…

Tras esta pequeña decepción me dirigí al Desert Stage para presenciar a Wolves In The Throne Room, que jugando con el nombre del escenario podría decir que representaban un pequeño oasis en mitad de un cartel que este año ha flojeado mucho en el campo del Black Metal. No tuvieron suerte los americanos, que salieron al escenario en medio de problemas de sonido y dificultades técnicas en la batería. Por culpa de ello el show tardó en asentarse, y justo cuando la cosa empezó a despegar tocaba irse para poder coger sitio en Ghost, una auténtica pena largarse justo cuando aquello empezaba a sonar como una apisonadora.

El escenario principal se llenaba para uno de los momentos más esperados tanto por fans como por curiosos: Ghost. Las luces se apagaban ante un público muy impaciente y comenzaba a sonar la intro Ashes, mientras de entre la niebla los Nameless Ghouls aparecían en el escenario en medio de una gran ovación. Seguidamente, con los primeros compases de Rats, hacía su aparición el nuevo líder de la iglesia de Ghost, el Cardenal Copia, y aquello ya desde el principio estaba revolucionado totalmente. Absolution, Ritual, From the Pinnacle to the Pit… Temazo tras temazo, y es que resulta increíble la capacidad de esta banda para las melodías y los temas que se te clavan en la mente como maldiciones, la prueba es la enorme cantidad de gente que coreaba los temas letra por letra de principio a fin. Por desgracia la calidad del sonido no estaba siendo todo lo buena que debería, algo que se fue subsanando poco a poco con el caer de los temas pero sin llegar a ser totalmente satisfactoria en ningún momento. También, por otra parte, Tobias Forge no es el mejor cantante del mundo en directo, y aunque las melodías vocales que crea en sus composiciones son fabulosas, tremendamente pegadizas y totalmente coreables, es evidente que personalmente le falta potencia y aguante, él mismo ha confesado en varias entrevistas que el papel de cantante en la banda le llegó «de rebote» al no encontrar a nadie adecuado. Por tanto se podría decir que su actuación resultó bastante ajustada, viéndole sufrir en algunos momentos. No obstante sus limitaciones quedan subsanadas por un carisma inigualable, que no ha perdido en esta su más reciente encarnación, el Cardenal Copia (aunque cuesta muchísimo olvidar al añorado Emeritus III). Continuaron con Faith, quizás el tema más cañero de su nuevo disco, seguido del clásico Cirice y Miasma, tema instrumental en el que el Cardenal se retira a tomarse un respiro dejando el protagonismo a sus mercenarios infernales y al cameo del anciano Papa Nihil para su solo de saxo. Hubo algunas variaciones escénicas respecto a los vídeos que había visto de su reciente gira americana. Para empezar el Cardenal no se cambió de vestuario en todo el show, y también hicieron uso de bastante pirotecnia, algo que no esperaba y que puso la guinda a una puesta en escena hipnótica. El público estaba totalmente evangelizado y resultaba fabuloso ver a gente de diversas edades y gustos musicales dispares disfrutar de igual forma con esta lúcida propuesta que aúna seriedad y teatro, solemnidad y parodia, comercialidad y buen gusto. El set list resultaba infalible, con la intro de Year Zero recitada de una forma atronadora, seguido por el momento más íntimo de He Is o la vuelta a la oscuridad con Mummy Dust, tema en cuyo final lanzaron una enorme nube de confeti en la que había ocultos algunos billetes con la estampa del Papa Nihil para unos pocos elegidos. Dance Macabre y Square Hammer pusieron el punto y seguido para, esta vez sí, acabar con Monstrance Clock y despedirse ante una tremenda ovación. Ghost son una de las bandas de moda, y una de las esperanzas más firmes para el relevo generacional de las grandes formaciones. Este show demostró sin lugar a dudas el por qué. Con esta trayectoria ascendente y el impulso que están teniendo últimamente parece claro que nos esperan muchos años de temazos increíbles, vistoso espectáculo escénico y oscuras tramas religiosas. Uno de los momentos álgidos del festival sin duda alguna al que le faltó un poco más de duración y mejor sonido para ser perfecto.

Después de semejante recital y ya muy mermado de fuerzas me arrastré como pude al escenario Ritual para presenciar a otra leyenda. At The Gates se vieron afectados por el cansancio general en cuanto a la respuesta del público, pero lo solventaron con profesionalidad, un sonido sobresaliente y una descarga de death metal melódico abrasador. Tocaron temas de su disco más reciente, To Drink For The Night Itself, así como grandes clásicos como el obligado Slaghter of the Soul. El show fue mejorando al asentarse el público tras el tumulto formado al final de Ghost, y finalmente los pioneros del sonido Gothenburg acabaron dando una lección de brutalidad y maestría en su campo. Sin duda un gran cierre para las actuaciones principales. Para los más enérgicos aún quedaba el tributo a System of a Down en la carpa y la fiesta posterior por los garitos de la localidad o la zona de acampada.

Galería de fotos jornada del jueves.


En resumen una primera jornada totalmente intachable. Con buen clima y ambiente, ningún tipo de percance organizativo y, lo más importante, unos conciertos de muy alto nivel. En la siguiente entrega del artículo terminaremos de repasar las bandas que actuaron en esta edición y daremos nuestras conclusiones finales. Estad atentos.

DiabloRock