Sloan – 12 (2018).
Sello: Murderecords, Yep Roc Records.
Producción: Sloan, Ryan Haslett.

Crítica por Carlos Kashmir.


Los amantes del powerpop estamos de enhorabuena con el regreso de los seminales Sloan. Y es que no todo es metal o rock duro en la Casa del Diablo. Con su duodécimo álbum de estudio titulado “12” (aquí no se quebraron la quijotera), nos vuelven a sacar la sonrisa con un notable esfuerzo por hacernos disfrutar de brillantes melodías, guitarras que desprenden calidez o purpurina, y esas voces que se compenetran armoniosamente y que tan bien se reparten entre los componentes del combo canadiense. Curiosamente es la primera vez desde “Between the Bridges” (1999) que cada uno de los cuatro miembros componen y cantan tres canciones, aportando cualidades únicas que juegan en sus puntos fuertes: Patrick Pentland con himnos de rock de altos vuelos, Chris Murphy jugueteando en los temas más powerpoperos y corales, Jay Ferguson con las joviales gemas progresivas, y Andrew Scott explorando caprichosamente su espacio interior. Mientras que las 12 canciones de “12” enfatizan enormemente la personalidad distintiva de cada miembro, todos están unidos en última instancia por su esbelta economía de melodías y su precisión punzante.

No podrían abrir de mejor manera que con Spin Our Wheels, un corte que huele a powerpop clásico de manual, alegre y vitalista. Al igual que The Day Will Be Mine, con verdadera vocación de himno, de los que deberías ponerte de despertador en el móvil para comenzar el día o simplemente superar una mala racha (a mí me sirvió). En esta onda también encontramos Don’t Stop (If It Fells Good Do It), que es un “back to the basics” en toda regla, iluminada por el espíritu de Raspberries. Otros grandes momentos son las más guitarreras y alternativas All of the Voices (menudo estribillaco para cantar en la ducha a pleno pulmón) y Year Zero con su aderezo psicodélico. Los momentos más delicados surgen en la detallista y con ecos de The Byrds Right to Roam, y la lánguida Gone For Good que nos trae una brisa sesentera de sonidos de la costa oeste. Macca también asoma en la contenida Wish Upon a Satellite, o los Queen más cabareteros en Essential Services. El pop-rock cósmico de 44 Teenangers cierra el álbum recordando Scott a su padre fallecido cuando tenía 14 años, y a otro icono del rock canadiense, Gord Downie, líder de Tragically Hip que murió el año pasado por un cáncer cerebral; también se trata de una oda a la juventud desde una perspectiva de la mediana edad (nada empalagosa, sentimental ni miope), en la que abarca tanto la capacidad de resistencia en la adolescencia como la de lidiar con la tragedia y el futuro: “Climbing out of the teenage, welcome back to round two / everyday is a blank page, turning faster than you”.

Un cuarto de siglo después de que lanzaran su debut, con la misma formación desde sus comienzos, y tras dos o tres decenas de incontestables singles (¡¡recomendabilísimo su recopilatorio “A Sides Win: Singles 1992-2005”!!) Sloan parecen haberse librado de los estragos del tiempo. Afincados ahora en Toronto, sus canciones se pueden escuchar en incontables actos canadienses y son respetados como una de las mejores bandas de Canadá de todos los tiempos. Han sido capaz de madurar sin perder de vista lo que les ha hecho grandes, la artesanía en sus composiciones han crecido, sus ideas melódicas son más reflexivas, pero las lineas de guitarras enérgicas y las brillantes armonías vocales siguen siendo ambrosía pop pura. Tanto si sois seguidores de Sloan en particular como del powerpop en general disfrutaréis y mucho de este “12”.