Paradise Lost – Ascension (2025)
Sello: Nuclear Blast
Texto por Jeiter



Con casi cuatro décadas a sus espaldas, Paradise Lost vuelven a demostrar que la oscuridad sigue siendo un terreno fértil para la reinvención. Ascension, su decimoséptimo álbum de estudio, es un trabajo que mira hacia el pasado y lo actualiza con una solidez admirable: un equilibrio entre la brutalidad doom-death de sus inicios, el metal gótico que los encumbró en los 90 y un sonido moderno y contundente que no pierde identidad. Con una de las mejores producciones con las que ha contado la banda, grabado por el propio Gregor Mackintsh (guitarra) y mezclado por Lawrence Mackrory (que también grabó voces adicionales), el disco arranca con “Serpent on the Cross”, un tema épico donde Nick Holmes se sumerge en guturales durante todo el recorrido. Es un inicio que funciona como anticipo del protagonismo absoluto que tendrán sus guitarras en el resto del álbum,. «Gregorio» a veces se muestra denso y gótico, mientras que en cortes como Sirens alcanza un punto de exotismo que lo convierte en uno de los temas más inspirados del trabajo. Ambos extremos funcionan como espejos: lo contundente y lo melancólico, unidos por la misma mano (zurda) compositiva.

En paralelo, la voz de Nick Holmes refuerza esa dualidad. Su registro gutural, que domina en los pasajes más agresivos (“Serpent on the Cross”, “Tyrants Serenade”), es el que transmite mayor fuerza, mientras que las voces limpias (aunque más limitadas) aportan matices melancólicos. El contraste se agudiza cuando aparece un invitado externo: la colaboración de Alan Averill en “Salvation” rompe la homogeneidad vocal, convirtiendo esa pieza en uno de los momentos más envolventes del álbum. “Salvation” desarrolla un doom casi ceremonial, con guitarras atmosféricas y un dramatismo sacro, mientras que “Silence Like the Grave” aterriza en la crítica explícita contra la guerra. La banda se mueve así entre lo trascendente y lo concreto, un vaivén que enriquece la narrativa general del álbum. Es un disco rico en texturas y transiciones. “Lay a Wreath upon the World” es quizás el mejor ejemplo: parte de un terreno acústico delicado para transformarse en un lamento eléctrico y desgarrador. Ese juego entre fragilidad y brutalidad encuentra ecos posteriores en “Diluvium”, donde lo más veloz y agresivo desemboca en un cierre gótico solemne, reforzando la idea de que cada canción contiene en sí misma una transformación. Hay varias piezas que dialogan con el legado de la propia banda: “Silence Like the Grave” conecta directamente con Tragic Idol, mientras que “This Stark Town” evoca el colorido de Draconian Times. Son recordatorios de que, aun en la búsqueda de nuevas formas, Paradise Lost no reniega de su historia. Finalmente, el álbum plantea un arco narrativo ambicioso que no siempre se resuelve con igual fuerza. “The Precipice” representa la apuesta más arriesgada, y quién sabe si terminará revelándose con el tiempo como uno de los imprescindibles, mientras que “A Life Unknown” intenta cerrar el viaje, aunque lo hace de manera algo plana en comparación con todo lo que la precede.

Si algo queda claro es que Gregor Mackintosh es el claro protagonista del disco: cada solo, cada melodía y cada riff son testimonio de por qué sigue siendo uno de los guitarristas más personales y reconocibles del Heavy Metal, así en mayúsculas. Instrumentalmente, el disco es impecable. Donde flaquea, quizá, es en la voz de Holmes, que brilla en los guturales (recordad lo añorados que fueron durante gran parte de la carrera), pero resulta algo repetitivo y limitado en su faceta más melódica, salvo en dos o tres temas capitales del disco.

En conjunto, Ascension es un disco que abraza y expande el legado de Paradise Lost, siendo uno de los mejores trabajos de la banda en muchísimos años. Oscuro, épico y variado, logra condensar todas las caras de la banda en un trabajo sólido y coherente. No es perfecto, pero sí un álbum que reafirma a Paradise Lost como reyes del metal gótico (ese género que nadie sabe qué es)  y que sin duda ya podemos catalogar como imprescindible.