Con cada nuevo álbum, Mork parece alejarse un poco más de cualquier idea preconcebida sobre lo que el black metal debería ser. Lejos de acomodarse en fórmulas establecidas, Thomas Eriksen ha convertido su proyecto en una búsqueda constante de evolución, exploración y honestidad creativa. Monolitt, su octavo trabajo de estudio, representa quizá el ejemplo más claro de esa filosofía: un disco oscuro, imponente y profundamente reflexivo que utiliza la imagen de un gigantesco monolito suspendido sobre la humanidad como símbolo de aquellas verdades incómodas que preferimos ignorar.

Aprovechando la publicación del álbum y la inminente primera gira de Mork por España, conversamos con Eriksen sobre la creación de Monolitt, la evolución del black metal, la autenticidad dentro de la escena, la relación entre tradición y cambio, el nacimiento de Udåd y su visión personal de un género que, según sus propias palabras, debería ser «el más profundo de todos».


Por urgente que pueda parecer el Black Metal, veo mucha más sutileza de lo aparente, algo más cercano a un proceso de percepción y asimilación simbólica… ¿Es ese el mensaje velado tras el monolito y el concepto que hay detrás del álbum?

La portada y la idea general representan un enorme monolito flotante que se cierne sobre nosotros como un recordatorio constante de la realidad. Se supone que debe evocar una sensación aplastante de comprensión respecto a las verdades más duras de la vida. Puedes cegarte con comodidades superficiales y una felicidad falsa, pero siempre está ahí, suspendido sobre ti. Escribo mis letras más o menos como poemas. Generalmente sin tener ninguna pieza musical concreta en mente. Es pintar con palabras. A veces de manera estética, pero sobre todo expresando pensamientos y sentimientos reales. Para mí son muy importantes a nivel personal, aunque entiendo que las palabras se pierdan un poco entre los gruñidos vocales y la música extrema. El hecho de que todo esté en noruego lo hace aún más críptico, supongo. Al final, las letras son tan importantes como la música, porque ambas surgen de mí de una forma sincera y profundamente sentida.

Podría decirse que Monolitt representa un nuevo capítulo para Mork… aunque quizá todos los álbumes lo hagan. ¿Qué hace especial este disco?

Todos los álbumes representan el momento en que fueron creados. Incluso cuando yo hacía discos más inspirados en la tradición, siempre quise que fueran distintos al anterior. Para mí siempre ha sido una evolución y un viaje. Todos condujeron a Monolitt. Si vuelves a escuchar SYV, este nuevo álbum es el siguiente paso natural. No podría haber hecho Monolitt como continuación de Eremitten’s Dal, por ejemplo. Los pasos deben recorrerse a medida que tanto la banda como yo envejecemos. Hay algo especial en este disco en cuanto a que es el primer álbum en el que he involucrado a un baterista externo. Todos los discos anteriores fueron interpretados exclusivamente por mí, salvo la canción “Forsteinet i hat” de Eremitten’s Dal, donde Seidemann (1349) toca el bajo como invitado… ¡Ah!, y “De fortapte sjelers katedral” de Katedralen, donde Eero Pöyry (Skepticism) interpreta el órgano de iglesia.

Decías que Monolitt era el paso natural de Syv, pero tu disco predecesor de Monolitt fue el debut de Udåd. Debo confesarte que me encantó. Me pareció fascinante la idea de revisitar la pureza de los primeros Mork sin utilizar su nombre porque sentías que Mork ya había alcanzado cierto nivel de madurez. Udåd era extremadamente puro y primitivo, pero aun así se percibía la mano de un músico mucho más experimentado detrás.

¡Gracias! Udåd surgió de una necesidad urgente de crear algo más primitivo, parecido a donde comenzó MORK hace más de veinte años. Pero a finales de 2023 no me parecía natural hacerlo bajo el nombre de MORK. La banda había evolucionado más allá de esa crudeza primitiva. Hacía falta un nuevo nombre y un nuevo proyecto; así nació UDÅD. Suelo decir en broma que es el Yin de mi Yang. He intentado componer un segundo álbum para UDÅD, pero es difícil obligarme a entrar en ese estado mental y creativo. Mis ideas suelen acabar sonando más a MORK que a cualquier otra cosa. Entonces simplemente las dejo reposar o, como ya ha ocurrido, las llevo a MORK. No quiero forzarlo; tiene que surgir de manera natural, igual que ocurrió con el debut.

Parece que tu banda en directo está consolidada, y aunque siempre grabas todos los instrumentos en este disco han participado en alguna canción.

En cuanto a baterías en directo para MORK, la lista es bastante larga. Incluso Tjodalv, famoso por Dimmu Borgir, ensayó con nosotros en algún momento. Cuando Malignant dejó la banda hace aproximadamente un año, invitamos a Asgeir Mickelson a unirse a la formación en directo. Esto coincidió con el periodo en el que estaba trabajando en el nuevo álbum y decidí incluir un baterista en la grabación. Estaba preparado para un cambio, como antes dije este nuevo trabajo es el primer álbum en el que he involucrado a un baterista externo. Todos los discos anteriores fueron interpretados exclusivamente por mí. Para nuestras actuaciones Øyvind Kaslegard es el bajista y corista, que también aportó algunas voces para este disco. Hizo gruñidos de fondo en varias canciones, pero su momento más destacado es en “Ferdamann” donde hacemos un dúo.

Creo que la portada es absolutamente magnífica. Me sorprendió bastante no encontrar el clásico logo de Mork en ella. ¿Por qué decidiste dejarlo fuera esta vez? 

Siempre estoy pensando en la renovación y la exploración de mi camino, así que he llegado a un punto en el que me atrevo más, supongo. Siendo este el octavo álbum, creo que está bien hacer eso diferente. El título, el concepto y la portada de este disco son tan poderosos que siento que la estética debe ser simple y limpia. El logo de Mork y el título del álbum aparecen en la contraportada esta vez. También siento que este es un álbum especial y sólido, que merece ser tratado como un hito (juego de palabras intencionado). Todo el mérito para el artista Kjell Åge Meland por crear una portada tan increíble para mis ideas.

Tengo entendido que el propio logo fue una creación tuya. ¿Es correcto?

Sí, el logo que veis hoy es exactamente el mismo primer borrador que hice en 2004, en la habitación de mi infancia. Por alguna razón nunca me preocupé de corregirlo o cambiarlo; simplemente se quedó. Por entonces estaba inspirado por los elementos necro y lo-fi del género. Imaginaba raíces siendo arrancadas de la tierra. Debía representar crudeza, decadencia y naturaleza.

De todas las etapas que implica la creación de un álbum, ¿cuál disfrutas más? ¿Escribir la música, trabajar en el estudio o interpretar las canciones en directo?

Mi momento favorito es cuando añado capas a una composición durante el proceso de escritura y grabación y me doy cuenta de que funciona y suena bien. Eso me da un impulso enorme. Poder terminar una canción y sentir que está completa. También es gratificante cuando surge espontáneamente una pequeña idea de riff, como una semilla que acaba de ser plantada. Cuando la música entra en la fase de ensayo y posteriormente en el escenario, es otra cosa. La canción ya existe y tiene su propia entidad. En ese punto se trata de encajar con ella y extraer la energía adecuada en directo. Y eso también me encanta.

Una de las cosas que más me gustan de Mork es que siempre escucho una forma muy sincera y genuina de black metal noruego, pero al mismo tiempo con una enorme capacidad para evolucionar, experimentar e incorporar nuevos elementos sin perder su identidad. Te has permitido moverte estilísticamente dentro de ciertos límites. ¿Cuáles dirías que son las líneas rojas de Mork? ¿Qué elementos nunca estarías dispuesto a sacrificar?

Bueno, la parte más obvia es la música agresiva con guitarras distorsionadas y baterías retumbantes. Las voces ásperas, sombrías y desgarradas también son un elemento que debe estar ahí. Si elimino todo eso, entonces estaría quitando tanto el “black” como el “metal”, supongo. Aunque sí me aventuré en lo desconocido con “Omme” y mi versión de “Valen”. Al mismo tiempo, creo que la oscuridad no necesita necesariamente ser gritada o tocada al máximo volumen. El género debería ser profundo y tener una estética de buen gusto.

¿Crees que el black metal tiene su propia filosofía o la palabra “filosofía” es demasiado grande para aplicarla a un estilo musical?

Para mí, el black metal representa el lado oscuro de las cosas en todos los aspectos. Pero, una vez más, lo que significa para cada persona depende de ella misma. Para mí solía tratarse de una profunda sensación de crudeza nacida del suelo oscuro de los bosques noruegos. Mezclada con la crudeza de la humanidad. Quizá también con cierto aire medieval. Es difícil de explicar. Sin embargo, con el tiempo comprendí con mayor claridad que se trata de cuestiones existenciales, misantropía y un sentimiento general de arrepentimiento respecto a lo que el ser humano es y se ha convertido. Pero, como he dicho, eso es algo personal. La antirreligión forma parte de ello, pero la religión también es una creación humana, por lo que básicamente carece de sentido. Es tan absurdo como creer que el black metal solo puede ser una pequeña cosa de nicho.

¿Te considerarías una persona espiritual? ¿Te sientes más cerca de negar la existencia de un dios o de creer en algo?

Soy hijo de la razón, no de la religión. Dejar que… Mickey Mouse dirija tu vida y seguir unas “normas básicas” inventadas en un cómic de Disney es algo ridículo… espero que se entienda el sentido metafórico de lo que digo. Sin embargo, los sentimientos también son inventados, pero se sienten reales. La mente humana puede ser complicada. Y eso es precisamente lo fascinante.

A menudo preguntamos a los músicos cuál es la verdadera diferencia entre el underground y el mainstream. Parece existir una barrera imaginaria entre ambos mundos. ¿Te preocupa perder cierto respeto o credibilidad dentro de una parte de la escena simplemente por evolucionar o crecer? 

Al final… toooodas las bandas publican música y venden merchandising para ser vistas y escuchadas. Punto. Algunos creen que es genial esconderse detrás de una barrera de guardianes del género y limitarse a sí mismos. Es su elección.

En 2026 vendrás a España para lo que creo que será tu primera gira propiamente dicha aquí. Tu puesta en escena es bastante interesante y sobria en comparación con muchas bandas de black metal. No hay demasiados elementos teatrales o ritualistas; básicamente solo el corpsepaint y el pie de micrófono. Me gustaría preguntarte qué te aporta esa “máscara” del corpsepaint como intérprete. ¿Te cambia de alguna forma? 

Sí, vengo del old school. No me gustan las grandes parafernalias, los trucos ni los efectos. A veces parece que desvían la atención de una música que quizá no sea tan fuerte. Aunque obviamente no siempre es así. En un mundo donde se utiliza tanto la palabra “trve”, creo que demasiados artificios pueden resultar algo infantiles. Pero es solo una cuestión de gustos. Me preguntabas antes por el atractivo comercial, y desde luego este tipo de artificios también lo son. Decidí probar el corpsepaint desde los comienzos de la banda en directo. En aquel momento hacía un black metal más tradicional y encajaba con la estética. También era un homenaje a los pioneros del género. Me di cuenta de que realmente me permitía convertirme en mi “demonio interior”, por decirlo de forma un poco absurda. Otra parte de mí emerge sobre el escenario. Así que, en resumen, el corpsepaint sí tiene un efecto sobre mí.

Y también me gustaría preguntarte por el propio pie de micrófono. ¿Podrías explicar qué es?

El pie de micrófono, o “Pedro”, como lo llamamos. Estábamos de gira por Sudamérica hace algunos años y nuestro mánager de gira insistió en ponerle nombre, así que ahí lo tienes ¡gracias, William!. Está hecho a partir de un antiguo gancho para troncos, conocido como peavey. Me lo regaló un viejo amigo aquí en Noruega hace unos diez años… ¡gracias, Lars!

Escuchando tu discografía resulta evidente que eres un auténtico amante del Black Metal. Tengo curiosidad: si tuvieras que otorgar medalla de oro, plata y bronce a tres álbumes del género ¿cuáles elegirías?

Te doy respuesta… pero es lo primero que me viene a la cabeza:

Oro: Filosofem de Burzum.
Plata: Transylvanian Hunger de Darkthrone.
Bronce: Chimera de Mayhem.

En “Jutul” hay un clímax melódico absolutamente increíble. De hecho, diría que es el único gran pico melódico de todo el álbum ¿Podrías contarme algo sobre esta canción y sobre cómo surgió ese momento?

¡Gracias! Bueno, quería hacer una canción épica con partes épicas. La letra trata sobre un troll de montaña, un Jutul, que despierta lleno de ira para reclamar la tierra. Ya había llamado la atención anteriormente por mis voces limpias en algunas canciones, lo cual está genial. Pero no quiero abusar de ellas. Aun así, tengo intención de utilizar más voces limpias en el futuro porque realmente disfruto haciéndolas. Cuando me introduje en el black metal a comienzos del milenio, me fascinaban las partes limpias de Vortex en los discos de Dimmu Borgir. No estaban sobreutilizadas; aparecían solo aquí y allá. Eso las hacía mucho más poderosas y geniales. Las voces limpias que hablas, en “Jutul”, están directamente inspiradas en las de Vortex, especialmente en Death Cult Armageddon y en el álbum anterior.

Las canciones de apertura y cierre me causaron una impresión enorme. La primera llena de secciones agresivas y la última tiene un aura y guitarras muy evocadoras ¿Por qué decidiste abrir y cerrar el álbum de esa manera y qué significado tienen esas canciones dentro del contexto general del disco?

¡Gracias de nuevo! Me alegra que te gusten y es curioso lo que dices, porque en realidad, “Inn i en annen sfære” iba a ser la canción de apertura original. Pero me di cuenta de que la mayoría de mis álbumes comienzan con una introducción lenta y progresiva. Quería hacer algo distinto. Así que terminé utilizando la canción más brutal como apertura. Creo que funcionó muy bien. Un puñetazo en la cara. La canción final trata sobre la extinción y, con las sirenas antiaéreas, funcionaba perfectamente como cierre. Musicalmente, para mí esa canción es una mezcla de Black Sabbath y thrash metal.

Si te dijera que el black metal ya no da tanto miedo como antes, ¿considerarías que eso es algo positivo o negativo?

Realmente no me importa ni una cosa ni la otra. No escribo música para escandalizar a la gente. No es una banda punk. Escribo música para satisfacerme a mí mismo y para hurgar en heridas abiertas, por decirlo de alguna manera. Si alguien más también puede perderse en ella, perfecto. Es arte. Tómalo o déjalo.

¿Cuál es el cliché del black metal que más detestas o que más te molesta seguir viendo?

Supongo que sería la parte de “jugar sobre seguro”, cuando la música se escribe únicamente para satisfacer unas reglas ya establecidas, una demanda concreta y un estilo excesivamente utilizado. Todo ello solo por el hecho de ser “true”. Esa palabra ha perdido todo su significado a mis ojos. Para mí, la autenticidad no consiste en cumplir reglas, consiste en hacer lo que surge de forma natural y ser honesto. Es una pena que el black metal esté siendo forzado a convertirse en un género cerrado y vigilado que tiene miedo de evolucionar. Se supone que debería ser el más profundo de los géneros.

Vaya, el más profundo de los géneros. Mi pregunta para terminar era… ¿Consideras que el Black Metal es la expresión artística más pura y sincera que existe dentro del metal extremo?

Así lo creo. Sí.

 


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