Deftones – Private Music (2025)
Sello: Reprise/Warner
Texto por Minerva Marino


Deftones confirman (una vez más) por qué siguen siendo una referencia imprescindible dentro del metal alternativo. Desde la primera escucha de Private Music, queda claro que han afinado aún más su delicado equilibrio entre agresividad y sutileza, construyendo un sonido que resulta a la vez pesado y etéreo, intenso y emocionalmente profundo. Su “disco de la serpiente” continúa en una línea evolutiva ascendente, aunque recuperando ciertos matices de etapas anteriores. El primero de ellos es traer de vuelta a Nick Raskulinecz en la producción (ya presente en Diamond Eyes de 2010 y Koi No Yokan de 2012), quien enfatiza ese balance entre densidad y nitidez (que quizá llegó a su máximo junto a Terry Date). Algunos guitarrazos suenan marcadamente noventeros, evocando aquellos primeros discos, lo mismo que ciertas líneas de bajo del debutante en estudio Fred Sablan. En Ecdysis, por ejemplo, sostiene la primera parte del tema él solo, como si quisiera saludarnos antes de que el resto de la banda estalle. También llaman la atención algunas modulaciones cercanas al “rap” en varias estrofas de voz: un recurso menor, pero curioso, que Chino retoma; igualmente sorprende su timbre grave y roto al inicio del tema que cierra el álbum, Departing the Body.
En general, Chino Moreno reafirma su genialidad como vocalista, aportando esa dimensión emocional única en contraste con los guitarrazos de Stephen Carpenter, que golpean como un mazo durante todo el disco, mientras Abe Cunningham apuntala con su inconfundible estilo rítmico. Frank Delgado, siempre discreto pero esencial, vuelve a aderezar la receta con sutiles interludios al final de varias canciones, lo que aporta aire y realza la escucha global del álbum. El disco refleja además un nivel de madurez compositiva notable, fruto del periodo más largo que la banda ha tomado entre lanzamientos. Los temas fluyen de manera coherente, explorando emociones y atmósferas con una fuerte sensación de conexión. La tensión entre agresión y belleza atraviesa el álbum de principio a fin, sin extremos innecesarios, equilibrando todo su abanico de texturas en una sucesión de piezas sólidas, con un punto de brillantez destacado: esa maravilla llamada Infinite Source.
Una suma de talentos tan dispares como complementarios convierte a Deftones en una banda capaz de seducir tanto a los fanáticos del metal más pesado como a quienes buscan atmósferas y melodías envolventes. Cada álbum suyo, y este no es la excepción (y es innecesario totalmente tratar de compararlos entre sí), se erige como un viaje musical y emocional. Private Music no es la excepción, pero golpea más duro incluso de lo que se esperaba… ¿Quizá esos guitarrones de Carpenter tengan la culpa? No solo estamos ante una reafirmación de la identidad de Deftones, sino también ante la prueba de que siguen perfeccionando su propuesta. Este disco transmite fuerza y sensibilidad a partes iguales, consolidando a la banda como una de las más creativas y relevantes de su generación.

