Blackbraid – Blackbraid III (2025)
Sello: Wolf Mountain

Texto: Jeiter Bilis.


Blackbraid se convirtió en un nombre recurrente en nuestras conversaciones en tiempo récord. De su debut a festivales internacionales casi de inmediato, se transformaron en una marca reconocida incluso fuera de su previsible nicho. Dejando a un lado lo estrictamente musical, lo llamativo de Blackbraid estuvo en el modo en que trasladaban la iconografía y la temática del black metal nórdica hacia otro territorio: sustituyendo la imaginería nórdica de dioses vikingos, runas y montañas nevadas por la cosmovisión indígena, los bosques americanos y símbolos tribales. Esa inspirada y llamativa transmutación cultural les da un sello narrativo y visual propio que los distingue entre proyectos similares, pero queda la pregunta clave: ¿y la música? Una pregunta que dejamos en suspenso en su debut, con la paciencia de quien observa una semilla en espera de brotar, y que en el segundo trabajo volvimos a aplazar, convencidos de que necesitaban tomar impulso para internarse en un sendero que apenas se les abría… Pero ya no queda más margen.

Blackbraid III responde de forma previsible: siguen enfangados en lo mismo de siempre. El debut sorprendió por su producción, aunque sonaba más a collage que a voz propia. El segundo repitió la fórmula con algo más de cohesión, y este tercero insiste aún más: riffs calcados, mismas escalas y estructuras idénticas. Además de las intros e interludios acústicos (lo mejor del disco), III es un disco de lo más anodino. Un trabajo que revela con monotonía riffs reciclados, baterías mecánicas y una sensación de déjà vu constante. Temas que muestran y repiten sin parar el mismo molde: melodías cercanas al death melódico pero sin garra ni energía, con baterías y bajos relegados al olvido. Otra vez, la guitarra líder “sostiene” casi todo. Y en el cierre, el cover de Lord Belial (“Fleshbound”) resulta más convincente que gran parte del material original, evidenciando el desequilibrio.

Blackbraid III no es malo en lo técnico: está bien producido, tiene atmósfera y alguna melodía efectiva. Pero es un disco conservador hasta la caricatura. Y no se me entienda mal: no hablamos de conservador en los patrones puros del género (¡ojalá!), hablamos de unos patrones de marca registrada que, después de tres discos, se quedan en tierra de nadie. Puede funcionar para quien aún disfrute de la épica melódica sin pedir innovación; pero resulta frustrante para quienes esperábamos evolución. Profesional y accesible, sí, pero igual de atrapados que un ciervo en un río helado, presos de un eterno mismo riff.