Lo que debes saber: Black Sabbath se despidió como merecía, firmando una de las noches más grande en la historia del metal
Black Sabbath dijo adiós. Y con ellos, Ozzy Osbourne también se despidió de los escenarios como solista. Aunque su retiro se anunciaba desde hace años, siempre quedó la sensación de que su salida no había tenido un cierre a la altura de su leyenda. Hasta ahora. Su último concierto en Birmingham disipó cualquier duda: la despedida fue tan épica como su legado.
Con Back to the Beginning, llegó el momento de repasar los detalles y momentos inolvidables que dejó este show histórico, un verdadero homenaje a la banda que sentó las bases del heavy metal.
Un regreso a donde todo comenzó
Hablar del legado de Black Sabbath puede parecer una obviedad. Su música no solo resistió el paso del tiempo: se convirtió en el cimiento de la cultura metalera y trascendió la historia del rock para instalarse en la cultura pop. No por nada son llamados los padres del heavy metal.
El nombre del show, Back to the Beginning, adquiere un significado especial: no solo marcó el cierre de su historia, sino que los trajo de vuelta a su ciudad natal, Birmingham, donde nació todo. Allí, entre murales y homenajes, Sabbath volvió a sus raíces para despedirse como debía.
Pero el regreso no fue solo geográfico. Fue también simbólico: bandas de todos los subgéneros se unieron para rendir tributo. Desde el thrash metal de Metallica, Slayer y Anthrax, hasta el hard rock de Guns N’ Roses y Rival Sons; pasando por el groove metal de Pantera, el metal alternativo de Tool, el grunge de Alice In Chains y hasta la fusión de Tom Morello. Cada uno, distinto en estilo, pero todos hijos de Sabbath.
Al final, aunque la comunidad metalera a veces se divida entre géneros y posturas puristas, todo el árbol genealógico del metal se remonta a la misma raíz: Black Sabbath.
Ozzy Osbourne: el Príncipe de las Tinieblas se niega a ceder

Uno de los momentos más emotivos de la noche fue la despedida de Ozzy Osbourne como solista. Diagnosticado con Parkinson en 2020, muchos se preguntaban si realmente valía la pena someterlo al esfuerzo físico de un show en vivo. Pero Ozzy se aferró a su trono —literalmente, un trono con forma de murciélago que emergió del escenario— y demostró por qué sigue siendo una leyenda viviente.
Acompañado por Mike Inez y Zakk Wylde, Ozzy repasó clásicos como “I Don’t Know”, “Suicide Solution”, “Mr. Crowley”, “Mama I’m Coming Home” y “Crazy Train”. Su voz, aunque marcada por los años, se mantuvo sorprendentemente poderosa, callando a quienes dudaban de su entrega. El carisma de Ozzy, inquebrantable, nos recordó por qué es uno de los frontman más icónicos de la historia.
El final perfecto para una banda que cambió la historia
Black Sabbath había tenido una gira de despedida en 2017 —The End—, pero siempre quedó la espina de que no fue un cierre definitivo. Esta vez, la reunión de Ozzy con Tony Iommi, Geezer Butler y Bill Ward —la alineación clásica— tras 20 años, fue el broche de oro que todos esperaban.
Su setlist —“War Pigs”, “Iron Man”, “NIB” y “Paranoid”— fue un viaje directo a los orígenes del metal. Sobre el escenario, se mezclaron generaciones de músicos y fans que demostraron que, aunque han surgido bandas más pesadas y virtuosas, pocas tienen la mística y la trascendencia de Black Sabbath.
Para algunos oyentes casuales, fue una noche para ver a un par de bandas favoritas. Para la comunidad metalera, fue una ceremonia de agradecimiento y respeto. Las lágrimas en la transmisión en vivo lo dijeron todo: estábamos presenciando historia.
Como dijo Lzzy Hale de Halestorm —y reafirmaron Jason Momoa y tantos otros invitados—: este fue el momento más grande en la historia del heavy metal. Y sí, no queda duda: Black Sabbath se despidió como merecía. Volvieron al principio para cerrar el círculo y dejar claro que el metal, mientras exista, siempre llevará su nombre.