Texto: DiabloRock.
Fotos: Brutal Assault.
Brutal Assault Festival se celebra anualmente en la Fortaleza de Josefov, en Jaroměř, República Checa. Fundado en 1996, ha crecido hasta convertirse en uno de los eventos más grandes y respetados en la escena del metal mundial. Llegar por primera vez a este festival, en lo personal, ha sido como reencontrarme con algo perdido. La palabra es ILUSIÓN. Hacía mucho que, cuando iba a un festival, no me sentía como en casa; más bien me preguntaba qué demonios hacía yo allí. Especialmente en los últimos años post-covid: mucho postureo, felipes, lucir palmito, grabar con el móvil para compartir en redes (FOMO), bodas, influencers, disfraces… en definitiva, mucha tontería. De música, netamente, quedaba cada vez menos. Los festivales en España se centran en exponer una imagen llamativa cara a redes sociales, dar el servicio justo al asistente e invertir lo menos posible en lo más importante: el sonido y la producción de las bandas.
Al llegar a Brutal Assault, todo cambia respecto a los festivales de verano de nuestro país. Acudir al festival de la fortaleza de Jaromer es como una bocanada de aire fresco y reparador. Para empezar, el público viene a lo que viene: no verás ninguna de las estupideces antes comentadas. Apenas se ven móviles en alto; da vergüenza sacar el teléfono, es una conducta mal vista. No verás a gente de espaldas al escenario charlando, y entre los asistentes no verás camisetas de Metallica o Slipknot, lo cual resulta sorprendente: solo camisetas y parches de bandas extremas y underground. Aunque son menos movidos que los españoles, se nota que los checos conocen exactamente a cada grupo que están viendo
El recinto es único: hasta que no lo pateas no comprendes lo impresionante que puede llegar a ser, con galerías y pasadizos innumerables, pero muy bien organizados y con sentido único para evitar aglomeraciones. Lo mejor, posiblemente, sea el sonido… EL SONIDO. Impresionante en su nitidez. Jamás había escuchado bandas de death metal tan extremo y técnico con esa calidad. El bajo se percibe con relieve (muchas frecuencias de bajo “sobaquero” que nunca escuchas, aquí se disfrutan). Está claro que cuentan con un gran equipo, Marshall es el principal patrocinador del festival y el escenario principal, quizá tenga mucho que ver, y las condiciones físicas del recinto, gracias a estar protegido por los muros de la fortaleza, ayuda mucho al cortar el viento. El concepto «saturación de graves» o «bola de sonido», tan habitual por nuestras salas y festivales, es sencillamente imposible en Brutal Assault.
Las zonas de descanso abundan. La cerveza, exquisita: solo hay vasos de medio litro y cuesta, al cambio, menos de 3 euros (según la variedad). Muchísimas tiendas de merchandising… ¡pero muchas! Y puestos de comida, con mayor número y variedad que las que encuentras en festivales con mucho más público. No existen colas (salvo en el caso del puesto de merch oficial), y hasta en los momentos de mayor aglomeración puedes acercarte a pedir bebida, o al WC, sin problema alguno. ¡Ah! Y todo un detalle contar con lavamanos junto a cada zona de baños.
En cuanto a traslados y el sistema de pago dentro del recinto, se puede hacer todo desde la app del festival. Permite registrar el dinero que ingresas o gastas con la pulsera, dentro del recinto todo se paga con este sistema y siempre puedes ver todos los movimientos desde tu móvil. Desde la app puedes también reservar los transportes entre el hotel y el recinto. Y con opciones amplias: autobuses cada hora para ir (de 10:00 a 19:00) y cada media hora para volver, nada que ver con los viajes organizados que se gestionan externamente en otros festivales, organizados por empresas externas, con mucha mayor incomodidad y un precio desorbitado.
Primer día
BRUTALLY DECEASED: Alcancé a ver sus dos últimos temas y quedé impresionado por la calidad de su death metal, tan técnico como veloz. Me llamó la atención su sonido cristalino, algo que entonces no sabía que sería la tónica general del festival. El sonido de guitarras evocaba a los Entombed más cavernícolas, aunque su estilo es a veces mucho más rápido e intrincado, y lo ejecutan a la perfección.
BLOOD RED THRONE: Martillo pilón puro. Una de las bandas que mejor explotó los registros graves; muy activos sobre el escenario y con gran predilección por machacar a base de partes a medio tiempo. El sonido, una vez más, nítido al 100 % (y así será salvo que indique lo contrario). Cerraron con el riff de Symptom of the Universe de Black Sabbath, pidiendo al público corear el nombre de Ozzy. Se generó una energía brutal pese a la hora temprana.
WARBRINGER: Concierto más que respetable. Personalmente me gustan, pero no terminan de entusiasmarme. Rápidos y con tablas, sí, pero me empecé a aburrir. Como ya los había visto antes y aún me quedaba por explorar todo el recinto, decidí dejarlos allí, haciendo lo suyo… que, eso sí, lo hacen bastante bien.
NE OBLIVISCARIS: Muy buenos, aunque algo descompensados en la mezcla (el violín fluctuaba entre demasiado bajo y demasiado alto durante los primeros temas). Me sonaron igual que en disco, lo que en su caso implica cierta frialdad: a veces transmiten, otras se quedan en pura técnica. Su estilo no terminó de convencer.
3 INCHES OF BLOOD: Triunfaron. Justo lo que esperaba, pero mejor. Elevados gracias al volumen y la calidad de sonido del festival, algo que pasó con muchísimas bandas. Siempre me gustaron y celebro su regreso. Heavy Metal de tachuela, con un toque áspero y macarra alucinante. En directo tienen una presencia espectacular: el bajo atraviesa, las guitarras se entrelazan a la perfección… una macarrada gloriosa con himnos ideales para levantar el puño.
RIVERS OF NIHIL: Caso similar a Ne Obliviscaris: mezcla irregular; a veces se distinguían bien las guitarras, otras las capas tapaban instrumentos. Lo mejor, sus partes tranquilas; las voces también muy bien. No tuvieron mal sonido, pero tampoco fue perfecto. Algo estáticos (lógico por su estilo), y en general me dejaron con cierta decepción.
THROWN: Una de esas bandas “nuevas” que el festival trae para dar variedad… y que debería replantearse. Sonido brutal, sí, pero… ¿eso que suena lo están tocando? No tienen bajista, solo dos guitarras, pero se escuchaban líneas de bajo y guitarras que no estaban interpretando. ¿Bases pregrabadas? No me gusta sentir que me engañan. Por muy aplastante que sonara, para eso pongo sus discos y me ahorro ver su actitud apática en escena. Ojalá aprovecharan el viaje a Jaromer para ver alguna banda auténtica que les hiciera aprender para la próxima.
FLESHGOD APOCALYPSE: Sonidazo. Cuando descargan su faceta más brutal son una apisonadora, pero cada vez que la vocalista lírica (cual nieta de la Caballé) interpretaba sus partes operísticas, me sacaban por completo de la experiencia. En su versión sinfónica son pomposos hasta lo insoportable; en lo puramente extremo, son una fuerza de la naturaleza.
DARK ANGEL: Me sonaron a thrash del montón, y sé de buenas que no lo son. Además, la batería estaba sonorizada de forma extraña, como cascada. Una pena no disfrutar de Hoglan en plenitud.
STATIC-X: De lo más potente y divertido del todo el festival. Tenía muchas ganas de verlos y superaron las expectativas: divertidísimos, destroza-cuellos, bailables… Cuando anunciaron este regreso parecía una broma eso de “resucitar” a Wayne, pero el cantante de Dope lo clava. Estos temas están hechos para sonar así. Muy visuales, con mucho juego escénico… ¡los cabezudos no son patrimonio exclusivo de Alice Cooper!. Los vería todos los miércoles-X.

DYING FETUS: En disco no los escucho demasiado, pero me enamoraron en directo. Brillantes en las partes rápidas y demoledores en las pesadas… me tocaron la fibra. Sonidazo y un lujo ver a bandas así en escenario grande, y con esta calidad y potencia, algo que de otro modo sería imposible (sensación que se repitió varias veces durante el festival).
MASTODON: Apabullantes. Reconozco que se me saltaron las lágrimas un par de veces. Sonaron mejor que nunca, sin fallar una nota. El nuevo guitarrista es muchísimo mejor que Brent en ejecución (aunque en composición Brent sea irreemplazable). Las proyecciones tras el escenario, espectaculares; Brann cada vez canta mejor… y Troy también hace suyas partes de Brent con gran solvencia. La banda estaba pletórica, los dos guitarras muy compenetrados… más que nunca. Comentaron que había sido el mejor concierto de su breve gira y que planean grabar disco para 2026.

MINISTRY: Fieles a su estilo. Al Jourgensen, cada vez más avejentado. Sonidazo, igual que en aquel Festimad 1999; han pasado 26 años y siguen sonando frescos. Eso sí, algunos temas nuevos se hacen algo aburridos; los clásicos, en cambio, son pura invitación a perder la cabeza.
KERRY KING: Sobrado, tanto él como su banda. Mismas sensaciones que el año pasado: sobresaliente, con algún cambio de repertorio. No había ya efecto sorpresa pese al gran despliegue musical. Yo ya estaba agotado, así que agradecí que se despidieran del público para poner rumbo al merecido descanso.

Segunda jornada
GUTSLIT: Otra banda a la que llegué tarde, y me arrepiento de no haber llegado un poco antes para poder disfrutar más de su actuación. Tremenda solvencia ejecutando un Brutal Death Metal de enorme empuje. Sonido demoledor y una actitud cargada de mala leche. Riff tras riff, parecían una formación mucho más grande de lo que cabría esperar.
PSYCROPTIC: Uno de los grandes vencedores del festival. Desde el primer acorde nos dejaron con la boca abierta hasta el final. Sonido espectacular, casi absurdo por su perfección. Técnica pulcra y fuera de lo común; los bajista y vocalista estuvieron muy activos y carismáticos, compensaban la postura más estática del guitarrista, exigida por la complejidad de su estilo. Temazo tras temazo, riffs incendiarios, armónicos y tappings… y todo con ese sonido y ese volumen. Diría que despertaron un punto de exquisitez que desconocía, y con precisión quirúrgica.

CAR BOMB: Su estilo sincopado e impredecible quedó patente en un público que dudaba en mover la cabeza, temiendo que sus constantes cambios de ritmo les provocaran un colapso. Una banda algo estática sobre el escenario, pero sorprendentemente más convincente en directo que en estudio. El vocalista, de aspecto y maneras peculiares, cumplió sobradamente. Otro gran concierto.
HIGH PARASITE: El nuevo proyecto Aaron Stainthorpe, el exvocalista de My Dying Bride. En disco me dejaron frío, pero en directo me ganaron. Mucho más auténticos, con sangre en las venas, de lo que no logran transmitir en estudio. Probablemente ayudó el potente sonido con el que contaron, además de una puesta en escena muy atractiva. El vocalista, sobrado en recursos tanto en registros melódicos como agresivos, y una guitarra muy protagonista cambiaron por completo mi percepción de la banda.
GREEN LUNG: Enormes. Se agradeció su propuesta tras tanto Death Metal. Su rock clásico, con aroma setentero, desprende autenticidad, y en directo no fallan. Verlos en un gran escenario fue un lujo. Sonido impecable; el diálogo entre teclados y guitarras, una delicia. El bajista no solo toca con gran fuerza, sino que aporta mucho con una gran voz. Superaron su propuesta de estudio con creces.

NILE: Empezaron algo desordenados, y el calor me llevó a verlos desde una posición más retrasada y sentado. Concierto correcto, bien ejecutado, pero sin llegar a engancharme del todo (algo que también me ocurre con ellos en disco).
GUTALAX: Si la nota humorística del festival viene de una banda de Death Metal… no está del todo mal. No me gusta el rock cómico ni los disfraces (aunque es totalmente respetable y, si arranca sonrisas, mejor aún). Sin embargo, Gutalax tuvo su gracia. Suenan muy bien, con algunos temas destacables, aunque es imposible tomárselos en serio… y ellos no pretenden lo contrario. Letras y puesta en escena girando en torno a lo escatológico: caca, escobillas, papel higiénico, pedos… puro “fecal death metal” y una fiesta total. En España tenemos a Mojinos Escozíos; en Chequia, a Gutalax.
KUBLAI KHAN TX: Responsables de más de una contractura cervical. Aplastantes y pesados, con un sonido que arrolla. Guitarrazos y armónicos que parecen partirte el pecho. No los conocía y ya me considero fan. El cantante es como el sobrino musculado de Freddie Mercury.

SUFFOCATION: Creí que me aburrirían, pero no… Son lo que son por algo. Un deleite técnico mezclado con el Death más puro y genuino. Un placer ver a estos monstruos, especialmente a nuestro guitarrista calvo favorito (un dios) y al bajista, amo y señor de una de las ejecuciones más memorables del metal extremo. Un auténtico bolazo.
LANDMVRKS: Otra banda moderna de metalcore… para quien le guste, bien. En mi opinión, más caca que la que cantan Gutalax.
LEPROUS: Cuando parecía imposible mejorar el sonido, llegaron Leprous para demostrar que lo mejor siempre puede superar a lo bueno. El poder de esta banda es indescriptible. A unas composiciones perfectas se unió una mezcla impecable: cada cuerda, parche, plato y tecla sonaba con un equilibrio ideal. El concierto fue creciendo sin parar; podrían haber tocado tres horas y habría olvidado el dolor de pies. Se les vio especialmente cómodos. Con la noche cayendo, los efectos de luz pusieron el broche a una actuación espectacular. Entiendo por qué no me gustaron en el Download: esa es la diferencia entre un mal sonido y uno en condiciones.
OBITUARY: Gracias, simplemente gracias. Ver a los de Tampa en ese escenario, con el enorme telón de Cause of Death, a esa hora y con ese público, fue un regalo. Los he visto en salas y como cabezas de cartel en festivales, pero siempre en carpa. Aquí, a lo grande, fue inmenso. La guitarra de Trevor Peres tardó en sonar a la altura, pero se solucionó justo antes de tocar prácticamente entero Cause of Death. Una demostración de que hay bandas que siguen fieles a sus raíces, sin artificios, sin pistas digitales, sin claquetas, con micros en los amplis, un batería descomunal, sonido único y actitud inquebrantable. Altísimos de volumen, como siempre. Gracias.

GOJIRA: Como siempre… pero mejor. Más variedad de temas, mejor presentación y escenografía. Las intros, proyecciones y el nuevo escenario fueron espectaculares. Se han hecho grandes, muy herederos de Metallica en sus formas. Les encontré con el mejor sonido que les he visto (y ya van ocho o nueve veces). Se me hizo corto. Tras la pandemia parecían estancados; ahora están lanzados.

BLOOD FIRE DEATH: Propuesta muy interesante; algunos temas funcionaron mejor que otros. La idea de rescatar el legado de Bathory me parece excelente, y los músicos elegidos fueron los idóneos: miembros de Gorgoroth, Mayhem, Watain, Emperor, Enslaved, entre otros. Quizá se podría haber aprovechado más el uso de las pantallas (como haría Mayhem al día siguiente), pero lo esencial era tocar dignamente esos temas… y lo lograron. Me quedo con el cierre, el tema que da nombre a la banda tributo.

FEAR FACTORY: Muy bien en general, aunque me extrañó no ver a Tony Campos. Cada vez que los veo hay un nuevo músico acompañando a Dino, lo que resta cohesión. Aun así, el repertorio centrado en Demanufacture y el sonido compensaron esa sensación. Me gustaron, aunque la guitarra me resultó algo falta de graves; todo sonaba demasiado agudo, pese a que bajo y doble bombo estaban perfectos.
Tercer día:
MNEMIC: Estuvo muy bien en general, aunque, por alguna razón, daban la impresión de ser una banda muy segundona. Gran potencia guitarrera y un frontman que hizo lo que pudo (¡barrilete, ponte una talla más de camiseta!). Aunque algunos temas sí tuvieron la contundencia necesaria, el concierto dejó claro que son una banda “copy of a copy”, con poca personalidad y un estilo que queda en tierra de nadie. Graban disco en una semana; veremos qué nos traen. Releyéndome, parece que no estuvieron bien… ¡pero sí que lo estuvieron! El problema es que el nivel del día era altísimo.
PRONG: Una de las bandas que más ganas tenía de ver, y siento decir que resultó algo decepcionante. Empezaron sonando a banda de barrio; lo siento, pero es así. Tommy Victor es espectacular tocando, pero a esa guitarra le faltaba “gordor”. Tal vez en estudio el sonido vaya dopado, pero en directo (y mira que me gustan las bandas con una sola guitarra) y con temas rápidos, no me sonaban en absoluto a Prong. Fue al final del set, con sus tres mayores clásicos del Cleansing, cuando por fin sonaron como debía, y el público lo notó. Entonces sí empezamos a disfrutar. Da gusto ver a Tommy en tan buena forma, parece un chaval, y clavando cada riff y armónico… pero quizá debería replantearse el setlist.

MANTAR: Madre mía, qué bolazo. La mejor de las veces que los he visto. Esta vez, por fin entendí todo lo que Hanno hace con la guitarra y los pedales. Sonaron potentísimos; han pasado casi diez años desde su formación y siguen como al principio. El batería, tan brutal como siempre, y los temas nuevos y antiguos se integran a la perfección… ¡una enormidad!

PELICAN: Increíbles los de Chicago. Pensé que, cansado y en mitad de la jornada, un concierto instrumental me iba a aburrir… pero resultó en todo lo contrario. Me encantó su sonido valvular; reproducen a la perfección su estilo y contagian con la forma en que se mueven. Una delicia ver esos fraseos y riffs de guitarra, demostrando que se puede contar mucho sin cantante. Nos regalaron momentos memorables.
HÄLLAS: Vi la mitad de su concierto y me dio pena no terminarlo, porque son una bandaza. El cantante y bajista tiene un vozarrón, la banda luce formidable con esos ropajes, y el uso del teclado es maravilloso. No los conocía y los disfruté muchísimo. Un auténtico viaje en el tiempo con un despliegue instrumental impecable. Crema, de verdad.

GRAVE: Una máquina de destrucción. Abrasivos y potentes… una apisonadora sonora a volumen 11. Lo que llevan haciendo toda la vida en estudio, pero llevado al extremo. Un 10.
PARADISE LOST: La gran decepción del festival. Muy lamentable que hasta Pity the Sadness aquello no terminara de cuajar. El batería recién reincorporado es, además de “Mortadelo sin gafas” (miradlo y decidme lo contrario si podéis), francamente malo. Es indigno que una banda de la reputación de Paradise Lost esté de gira, tocando en escenarios de este calibre, para un público tan entregado, con músicos así. No solo se le veía incapaz de tocar, sino que se equivocaba y se le caían las baquetas sin parar… En fin, lamentable. Pero el querido Nick Holmes se llevó el oro al no saber presentarse en un escenario. Si no puedes cantar, no cantes; quédate en casa y no intentes que el público lo haga por ti. Holmes apenas cantó estribillos, salvo aquellos con registro grave. Una pena: solo se salvaron los temas más antiguos y los solos de Don Gregorio, que parece estar allí únicamente para pagar sus facturas.
MAYHEM: Son lo que son, y lograron que me quedara todo el concierto (dividido en varias partes), algo que pensé que no conseguirían. Las proyecciones de auto-homenaje tenían su gracia al principio, pero abusaron tanto de ellas que quedó una sensación de banda que sólo sabe vivir de las rentas. Hubo momentos brillantes… y otros excesivos. Curioso ver una banda tan “under” con clichés del metal más mainstream. Aun así, su propuesta sonora no dejaba escapatoria. Café para los muy cafeteros.

DIMMU BORGIR: No terminé su concierto, pero vi media hora, suficiente para corroborar que en directo son mucho más impactantes que en disco. Eso sí, no lo suficiente como para que me enganchara todo el show. Gran sonido, escenografía impecable, actitud arrolladora… lo mejor del black sinfónico, sin duda

Cuarto día:
BRUJERIA: Descubrimos a los “mexicanos” en los años 90 por su sonido peculiar, marca registrada de Dino Cazares, y por su singular temática. Dino se fue de la banda y, durante muchos años, aquello fue una auténtica verbena, como muchos pudimos atestiguar. El año pasado sufrieron la trágica muerte de dos de sus miembros principales y, aunque da pena decirlo, debo reconocer que es ahora cuando la banda vuelve a ser lo que era: sonar como un cañón y dejar de lado el circo. Ya lo comprobamos acompañando en su gira a Carcass y, ahora, en un gran escenario, terminan de demostrar que hay banda para rato. El público estaba encantado; sonaron potentísimos y El Sangrón clavó su papel como frontman. Solo queda que sean capaces de crear nuevos temas.
UNLEASHED: Gran concierto de estos clásicos del death sueco. Con las guitarras algo apagadas, fueron de menos a más, tanto en sonido como en recepción del público. Una lástima que fuera en el tercer o cuarto tema cuando se dieron cuenta de que una de las guitarras tenía el micro caído del amplificador… shit happens, como dirían Gulatax. Aun así, fue un gran concierto, aunque no llegó a ser memorable, y no por culpa de la banda.
HARAKIRI FOR THE SKY: Con un elegante escenario y su frontman luciendo una colorida camiseta de Soundgarden, los austriacos ofrecieron un señor conciertazo. Sin necesidad de artificios, desplegaron su amplia paleta de tonos sonoros y lograron transmitir la esencia profunda de su mensaje musical, con dos guitarristas que extraen sonidos muy distintos de sus instrumentos y se apoyan mutuamente para construir la atmósfera tan especial de la banda. Gran directo, como suele ser habitual, con un sonido impecable.

KATAKLYSM: Venían con un setlist especial conmemorativo de su disco In the Arms of Devastation, que funcionó a la perfección. A veces, tocar un álbum de cabo a rabo puede ser limitante; en este caso, fue un acierto muy celebrado. La única pega fue que, aunque el sonido estuvo correcto, no alcanzó la claridad habitual… y aún quedaba lo más bestia por llegar.
AGNOSTIC FRONT: Toda una celebración crossover, con una pegada formidable y una energía impropia de una banda tan veterana. El público respondió como se espera en este tipo de conciertos, y la comunión entre foso y escenario no dejaba dudas del gran directo que ofrecieron los neoyorquinos.
KARNIVOOL: Se hizo de noche y llegaba la guinda absoluta del cartel. Qué alegría y qué inesperado que este festival incluyera a esta singular banda australiana. Quien los considere menores está muy equivocado, y no lo digo yo: lo dicen ellos cuando se suben al escenario. Posiblemente, el mejor concierto de todo el festival. Con sonido potente, escenario imponente, un despliegue de luces extraordinario y, sobre todo, temazos memorables, es imposible no rendirse. Las maneras del vocalista sorprendieron al principio, pero pronto se evidenció que era su forma de entregarse completamente. Junto a mí, un asistente noruego no dejaba de llorar durante toda la actuación; al final del concierto hablé con él y me contó que había viajado solo para verlos a ellos, que eran su banda favorita. El fenómeno de Karnivool es algo inesperado: son una auténtica banda de culto. El público se sabía todas las canciones, y con uno de los mejores sonidos del evento, aquel concierto solo podía calificarse como histórico. El modo en que sonaron Simple Boy y la final New Day será inolvidable para quienes estuvimos allí.

OPETH: Reconozco que, después de los australianos, quedé en estado de shock y me costó entrar en el sonido de los suecos. Pero, poco a poco, fui adaptándome y terminé haciendo headbanging como en pocos conciertos de la semana. La calidad de esta banda es incuestionable; su limpieza y precisión son únicas. Con Mikael Åkerfeldt algo comedido en sus habituales discursos, pero igual de carismático que siempre, presentaron piezas nuevas y antiguas que funcionan a la perfección: suaves y duras, pero con un hilo conductor que podríamos llamar “exquisitez”. Otra banda que cada vez se supera y que, además, explota más recursos visuales, sacando gran provecho de la pantalla LED. Sé que me repito, pero es inevitable: la mejor de las muchas veces que los he visto.

THE HALO EFFECT: La gran sorpresa del festival. Reconozco que apenas los tomé en serio en estudio, donde me resultaban planos y predecibles. Sin embargo, en directo demostraron ser death metal melódico sueco auténtico y fresco. Sonido impecable y excelentes tablas, con riffs y recursos constantes, dejando la sensación de que estamos ante una banda grande para muchos años. Es hora de recuperar el tiempo perdido: debo escuchar sus discos.
DARK FUNERAL: Con un black metal mucho más limpio y elegante del que recordaba en sus directos, los de Estocolmo trajeron black metal genuino al festival. Su aparición a escena, hierática y entre sombras, estuvo muy acertada, explotando luego los recursos visuales a la perfección. Destacó el sonido de batería, preciso y equilibrado, permitiendo que todo sonara cristalino y en su lugar.

En resumen, el Brutal Assault no solo devolvió la ilusión perdida tras años de festivales saturados de postureo, sino que recordó lo que significa poner la música en el centro. Un recinto único, una organización impecable, un sonido que roza la perfección y un público entregado crearon el marco para actuaciones memorables. El balance final es abrumadoramente positivo: un festival que cuida cada detalle, respeta a las bandas y al público, y que demuestra que todavía existen espacios donde el metal se vive de forma auténtica. Abandonar el recinto daba hasta pena… pero la certeza de volver el próximo año da razón para empezar a contar los días.
