Immolation – Descent (2026).
Producción: Zack Ohren.
Nuclear Blast.

Texto por Jeiter


Cuatro décadas de carrera. Immolation han cronstruído un legado que es sinónimo de consistencia, brutalidad y ambición dentro del death metal. Desde trabajos clave como Here in After o Close to a World Below, la banda dejó claro que su propuesta iba más allá de la media, apostando por una sonoridad caótica pero milimétricamente controlada, tan técnica como opresiva.

2026, regresan con Descent, un disco que resume y perfecciona su fórmula. La sinergia entre los miembros (con el núcleo intacto de Ross Dolan y Robert Vigna) alcanza aquí un nivel quirúrgico: cada riff, cada cambio rítmico y cada detalle parecen encajar con precisión obsesiva. La guitarra de Vigna (junto a Alex Bouks) oscila entre disonancias y grooves, mientras que Steve Shalaty despliega una batería de complejidad, polirritmia y pegada devastadora.

Dolan, por su parte, ofrece probablemente la mejor interpretación vocal de su carrera: más profunda, más amenazante y perfectamente integrada en el caos sonoro del grupo. Temas como “Adversary” o “These Vengeful Winds” evidencian que la banda sigue siendo capaz de combinar brutalidad con momentos sorprendentemente memorables, mientras que piezas como “Banished” aportan un respiro atmosférico sin perder oscuridad.

Descent no reinventa el género ni supera el pico de calidad de algunas entregas pasadas, pero confirma algo más importante: Immolation sigue siendo una máquina creativa y de devastación implacable. Frente a otras leyendas que se diluyen con los años, aquí queda claro que cuando la pasión permanece intacta, la creatividad no tiene fecha de caducidad.