Texto: DiabloRock.
Fotos: Brutal Assault.


Cada visita al Brutal Assault es un reencuentro con nuestra ilusión por la música y un reenamoramiento hacia el Metal Extremo. El festival checo sigue consolidando, con una naturalidad casi insultante, todas esas virtudes que lo convierten en un acontecimiento diferente: un público entregado y genuinamente interesado en la música, un recinto sencillamente espectacular, una organización que funciona como un reloj atómico, una oferta gastronómica y de servicios difícil de igualar y, por encima de todo, por mucho que seamos repetitivos: EL SONIDO. Ese sonido nítido, poderoso y perfectamente definido que permite disfrutar hasta el último detalle de las propuestas más extremas sin caer jamás en la habitual sobresaturación de graves, ecos, etc., que nos arruinó tantos conciertos y festivales en el pasado. En las líneas que siguen a esta crónica omitiremos en muchas ocasiones que el sonido fue impecable, para no ser repetitivos. No nos da miedo decir que el concierto que peor sonido tuvo, posiblemente, tuviera una sonorización superior a la del mejor concierto de cualquier festival en España. Sí, salvo rara excepción, en cuanto a sonidos extremos, lo peor que suena allí es superior a lo mejor que suena acá. Afirmación dolorosa, pero hay que poner las cosas en su sitio; de eso se trata este ejercicio (supongo).

La edición de 2026 tampoco necesitaba una colección de grandes nombres en lo más alto del cartel para justificar el viaje. De hecho, una de las grandes virtudes del Brutal Assault vuelve a estar precisamente ahí: en su capacidad para construir un cartel en el que, más allá de las cabezas visibles, siempre hay un desfile de bandas consolidadas, propuestas underground, grupos de culto, guindas alternativas y formaciones llamadas a convertirse en el próximo gran nombre. Cuatro jornadas de actividad prácticamente ininterrumpida, desde primeras horas de la mañana hasta bien entrada la madrugada. Aquí no hay demasiados momentos de transición ni conciertos de relleno: basta con mirar la programación y elegir, porque resulta imposible abarcarlo todo. De ahí que este año esta crónica esté firmada por dos redactores.

En esta ocasión, el clima puso algo más a prueba la resistencia del público. Un par de jornadas de calor sofocante obligaron a buscar las numerosas zonas de sombra y descanso de la fortaleza, aunque ni siquiera las altas temperaturas consiguieron alterar demasiado el funcionamiento de un festival perfectamente acostumbrado a manejar grandes cantidades de público. En ese punto sí habría que detenerse para señalar un aspecto a mejorar: adecuar los espacios y servicios para un mayor número de personas. Si bien las colas son inexistentes y el tránsito entre espacios del recinto es cómodo, el escenario Octagon necesita una reevaluación por parte de la organización. En el pasado era un escenario estupendo para bandas emergentes y desconocidas, pero con un sold out asegurado para futuras ediciones y un cartel cada vez más potente, poner a bandas con cierto tirón en ese recinto no es que sea simplemente incómodo, es que puede resultar muy peligroso. Por lo demás, pocas pegas que poner a una maquinaria que vuelve a demostrar que no hace falta complicar las cosas para hacerlas bien.

Durante cuatro días, alrededor de una docena de bandas cada jornada fueron pasando por nuestros objetivos. Cuatro jornadas, más de cincuenta conciertos y una nueva oportunidad para comprobar que el Brutal Assault no necesita artificios para ser, para nosotros, un festival imprescindible cada año. Música, público y el lugar adecuado. A veces, sencillamente, no hace falta nada más.


DÍA 1

BELZEBONG fueron los encargados de romper la lata del festival (si dejamos aparte la pequeña jornada inaugural previa). Recinto repleto en uno de los escenarios principales pese a la hora temprana (12 del mediodía) y el calor (unos 35 grados). No hacía falta conocerlos para estar cabeceando rápidamente sus riffs pesados como si te fueran del todo conocidos. Una gran actuación que recordaba al sonido más pesado de COC o Down en muchas ocasiones.

Vimos a unos UNEARTH muy en forma. Permanecen entre las bandas veteranas de su estilo, pero siguen sonando actuales y frescos. Aun así, preferimos acercarnos al escenario Obscure, donde en unos minutos aparecería una de las bandas más prometedoras del death metal salidas en esta década, 200 STAB WOUNDS, que tuvieron una actuación correcta, con un sonido algo bajo si no estabas cerca del escenario. Buena actitud: los de Cleveland están aquí para quedarse.

Cuando te dispones a ver a VENDED llevas el prejuicio de contemplar un mini-Corey, pero al final es lo que se cumple. Griffin Taylor pone garganta, maneras y una presencia calcada a la de su padre, pero todo en versión mini (alguno dirá lowcost). Con una propuesta demasiado genérica por parte del resto del grupo, no consiguieron seducirnos lo suficiente. Había que reservar nuestros pies.

NOVEMBERS DOOM consiguieron sonar rotundos instrumentalmente, algo que no lograron vocalmente, ya que Paul Kuhr parecía acusar en exceso el calor. Físicamente apareció muy sofocado, incluso podría decir que enfermo, y las partes melódicas parecían costarle a horrores. Una buena actuación en la que los temas más potentes y con voz growl fueron los que mejor resultaron.

Sobre el mismo escenario, ELDER presentaban su reciente nuevo disco con una calidad extraordinaria. Su sonido se hace grande en directo, rico instrumentalmente y con la suficiente pegada cuando hace falta. Crema absoluta en las partes progresivas, con secciones pesadas que terminaban de apuntillar uno de los mejores conciertos del festival en este tipo de sonidos que, si bien no son abundantes, sí permiten ampliar el abanico de géneros.

Mientras, SAMAEL golpeaban en el escenario Sea Shepherd. Buena puesta en escena y repertorio perfecto, alternando sus grandes clásicos con las últimas perlas que han publicado a modo de single. El sonido de guitarra quedó algo bajo, provocando que el impacto de una banda con semejantes riffazos quedara un poco deslucido.

Hay quien etiqueta a COVEN como proto-metal. Si entramos en esas clasificaciones, me temo que tengo que afirmar que, aunque su legado no se lo quita nadie, me resultaron demasiado proto… proto-proto, y no lo digo en el mejor sentido, todo lo contrario. Mucho respeto por Jinx Dawson, por eso no me explayaré en contar las razones por las que abandoné la actuación para acompañar a mi secuaz, que disfrutaba de la delicatessen que NEVERMORE son en directo. Una actuación espectacular, una precisión técnica fuera de lo común, y más teniendo en cuenta los muchos integrantes de la formación que están de estreno. Qué vamos a decir de Jeff Loomis: modo dios durante toda la actuación. El nuevo cantante (a quien no retaría en un pulso) suplió perfectamente las peculiares exigencias que hereda del añorado Warrel Dane. Un bolazo en toda regla.

FIT FOR AN AUTOPSY fue una de esas bandas «nuevas» que venían a machacar con armas diferentes a las de la mayoría de vacas sagradas del festival, y bien que lo consiguieron. Sonidazo y fuerza absoluta, con recursos de metal clásico que no esperaba y una respuesta formidable por parte de un público bastante heterogéneo en cuanto a edad. Mientras que sus trabajos discográficos me resultan demasiado genéricos, en vivo encontré una especie de eslabón entre lo clásico y lo nuevo. Los quiero en mi equipo.

PERIPHERY les siguieron en el escenario gemelo, ejecutando a la perfección su metalcore progresivo y melódico, con un cantante que llevaba la camiseta más punky de todo el festival (reivindicar a Jesús y la Biblia rodeado de tanta blasfemia tiene su mérito). Spencer Sotelo no escondió tampoco su gran voz, alcanzando todas las notas y mostrando su enorme rango vocal. Repasaron fundamentalmente su último lanzamiento y, con un público muy entregado, la banda pudo comprobar perfectamente qué temas funcionan bien en vivo.

Íbamos muy animados al Octagon Stage para ver a BOLZER, donde volvimos a encontrarnos muy apretados e incómodos y donde apenas permanecimos un tema, ya que la sonorización fue del todo inadecuada, hasta el punto de que no merecía la pena permanecer allí (el líder de Blackbraid se marchaba al mismo tiempo que nosotros).

Terminamos de ver la animada y movida actuación de Municipal Waste, a quienes tantas veces hemos visto, al tiempo que cogimos sitio para lo que acabaría siendo el gran concierto del festival. La noche ya era del todo cerrada. El escenario Marshall se hacía cada vez más y más apretado mientras, a modo de intro, sonaban frecuencias graves e infrasonidos, delante de un telón de fondo que ya lucía entre humo su nombre: TRIPTYKON. Revisando lo que dijimos de ellos la primera vez que los vimos, en aquel lejano Hellfest de 2015, vemos que prácticamente podríamos afirmar lo mismo: «Difícil de explicar su derroche de deformidad, poder y magia negra. Los mejores del festival, y posiblemente el concierto más sobrecogedor al que he asistido. Hipnótico, sobrehumano, de una fealdad embriagadora y fascinante. Acabé convencido del pacto que Tom Gabriel Fischer ha hecho con el diablo». Entonces vivía Martin Eric Ain, y Tom Warrior se guardaba mucho de no confundir al público. Celtic Frost aparecían en el setlist, pero de un modo más sutil y diferenciado. Con Martin fallecido, Triptykon tenía suficiente trayectoria y legitimidad para tomar el testigo, algo que Warrior hizo con extremo cuidado en los últimos años. Sin tomar el nombre de Celtic Frost (que podría), ha hecho varias giras tocando repertorios de la legendaria banda suiza. Ahora, en 2026, un concierto de Triptykon es una mezcla de ambas cosas: no son Celtic Frost, pero tampoco son una banda nueva. Temas de la primera y última época de Celtic Frost se encadenan a piezas de los dos trabajos de Triptykon, con un sonido igual de monolítico, pero más rotundo si cabe. Es una experiencia ponerse frente a ellos. No necesitan pirotecnia, proyecciones ni artificios, tan solo un sonido tan básico como único, potenciado ahora con la batería del gigante Hannes Grossmann y su ejecución instalada en la perfección. El trabajo a la guitarra de V. Santura también supuso uno de los momentos del festival, dando pinceladas de genialidad a las composiciones de Warrior, quien hizo de Venerable Maestro dirigiendo el Ritual, regalando guitarrazos y «ughs» a un público tan complacido como asombrado. Mención especial para los tres temas que escogieron de Monotheist… una monstruosidad.

Pensaba que después de eso sería complicado que ni siquiera unos titanes como AMENRA pudieran no parecer empequeñecidos, pero finalmente es que la actuación de la banda belga fue impecable. Uno de los grandes puntos fuertes del festival es poder contar con bandas así en «prime time» y escenario grande. Pese a su apuesta minimalista en cuanto a iluminación y escenografía, los belgas convencieron de manera extraordinaria en un concierto con poco movimiento entre el público que, sin embargo, parecía hipnotizado con ellos.

Algo así pasó también con BATUSHKA, cuya primera impresión escénica impactaba, ya que el cuadro era imponente, aunque posteriormente se percibía demasiado estático. Los pocos elementos rituales de la actuación eran muy sutiles, pero su apuesta musical, que es lo más importante, fue defendida en directo a la perfección, llamando la atención el nítido juego de voces sobre tan poderosa instrumentación.


DÍA 2

Poco antes de las 13h estábamos preparados para ver cómo se defendían en directo SANGUISUGABOGG, quienes dieron un señor bolazo sacando múscuclo. Mientras que en sus temas más rápidos sonaban a banda genérica de Brutal Death Metal, era con sus viejos temas de tempo lento y pesado cuando dejaban realmente impronta de banda identificable. Pese al calor, consiguieron mover muchísimo al público, con alguno de los mayores circle pits del festival. Fue raro escuchar alguna consigna grotesca del vocalista al presentar ciertos temas, teniendo en cuenta el cartel que se leía sobre el escenario: «Festival en contra de la violencia y la intolerancia», pero es que el que se tome en serio las letras del metal extremo tiene un problema. La verdadera herejía está en la literalidad.

Justo después empezaban ILLDISPOSED, que sonaban exactamente igual que en estudio, lo cual es bueno… pero quizá no suficiente. La misma impresión de banda correcta que tuve siempre, sin una apuesta especialmente atractiva para salir de la categoría de banda «del montón». Los fans de la banda que consiguen encontrar en ellos algo especial estarían encantados, pero personalmente no encontré nada que me hiciera terminar su concierto para no estar en el arranque del enormísimo conciertazo que dieron CASTLE RAT. Por unos minutos fuimos niños grandes, escuchando una banda de rock clásico con cuentecitos. Muy divertidos y vistosos, muchos son los que prevén en ellos el próximo gran acontecimiento, y lo cierto es que lo tienen casi todo. ¿Qué es lo que yo creo que les hace falta para romperlo con todo y pasar al primer plano? Estribillos. Vistosos como poco, con una propuesta muy diferente al resto y un «lore» increíble, tocan genial y su frontwoman tiene una gran voz, la teatralidad de su puesta en escena es formidable, pero salvo alguna sentencia coreable les faltan temas con ese punto contagioso. Pero hoy no toca detenernos en eso. Con las piezas de su actual discografía consiguieron convencer a todos los presentes. Todos hicimos reverencias a la Rat Queen y aquí estaremos para venerarla cuando nos traiga nuevas canciones para representar sus nuevas aventuras.

Almuerzo relámpago para llegar a tiempo de nuevo al Obscure Stage, donde debutaban en el festival los norteamericanos BLACKBRAID. Fue uno de los llenazos de este escenario, comparable al de bandas mucho más consagradas. Me sorprendió no ver a su frontman con la guitarra colgada, moviéndose libremente por el escenario mientras dos guitarras clavaban cada nota. Un taladro sonoro, sustentado en melodías, y que se percibía más agresivo que en disco, con las ya reconocibles cuerdas abiertas que caracterizan sus riffs. Menos monótonos de lo que temía, muy agresivos y afilados. Su particular personalidad, fundida en sus raíces nativas americanas, estaba ahí, pero no es un elemento que necesiten explotar en exceso. Actuación que ayuda a ilusionarse con ellos y que disipa las dudas de aquel tercer disco demasiado continuista. No los perderemos de vista.

BLEED FROM WITHIN tuvieron una actuación correcta, sin más. No nos terminaron de enganchar. La banda de Glasgow quizá resultó algo plana y falta de pegada, justo el punto clave de THY ART IS MURDER, que con nuevo vocalista sí consiguieron cuajar entre el exigente público checo. Pegada y velocidad a partes iguales para convencer. Mucho más divertidos y consistentes que lo que se puede encontrar en ellos en estudio, destacando especialmente su batería, Jesse Beahler.

Breve descanso para avituallamiento y estar listos para uno de los grandes momentos del día, SEPTICFLESH. Los griegos volvieron a Brutal Assault después de diez años y parece que había muchas ganas de ese reencuentro, tanto por parte de la banda como del público. Seth Siro Anton sorprendió por la manera en que se comunicó con el público y consiguió levantarlo en un escenario imponente, con la escenografía típica de la banda. No les hace falta orquestación para sonar enormes. Añaden alguna pista orquestal grabada, pero la usan sobre todo en las intros y partes tranquilas, de una manera muy sutil, de modo que el concierto resulta 100 % real. Uno de los conciertos con más locura de crowdsurfing entre el público. No esperaba semejante salvajada.

En el escenario Obscure, el doom dramático de DRACONIAN nos dio un poco de relajación, sin dejar de mover el cuello ante la cadencia de este estilo. La alternancia de las voces guturales con las delicadas melodías de Lisa Johansson sonó perfectamente empastada con unos potentes riffs. Si el concierto hubiera transcurrido a horas más nocturnas, podría haber sido incluso hipnótico.

Tenía mis dudas respecto a BODY COUNT, ya que en el pasado encontré una buena banda en directo, pero con una pésima actitud sobre el escenario. Los encontré más comedidos, sonando a la perfección, pero la sensación de verbena sigue quedando. Algún momento destacado, pero en general creo que en directo les sigue faltando algo. Y, sobre todo, les sobra el hijo de Ice-T, que ni tiene tablas ni parece entender dónde encontrarlas.

Volvíamos al Obscure Stage en una de las ocasiones en las que se quedaba más pequeño. Si normalmente DEICIDE son vacas sagradas, en un festival así significan uno de los mayores atractivos, motivo por el que a muchos les incomodó no verlos en alguno de los dos escenarios principales. A la banda no pareció afectarle en absoluto y, tras unos primeros segundos de incertidumbre en los que no se escuchaba el bajo (culpa de Benton, que tenía el volumen de su instrumento muteado), el rodillo death metal golpeó sin tregua alguna. Trituradora sonora sin descanso, con Benton implacable tanto en sus dos marcados registros vocales como al bajo. Clásicos del género y nuevas creaciones fueron cayendo en un bolazo incuestionable que solo podría haber sido más grande si el tamaño del escenario lo hubiera permitido.

En el escenario Octagon, bajábamos revoluciones con la banda de Mick Moss, ANTIMATTER, y su prog-rock cautivador. La atmósfera fue impecable una vez comenzó el concierto, con las bases programadas justas, creando el ambiente sobre la personalísima voz de su líder. Aun así, el concierto pareció un poco amateur, con la propia banda haciendo la prueba de sonido justo antes de comenzar, algo común en este escenario, o viendo a la banda con equipamiento mínimo, teniendo que cambiar la cuerda de una guitarra sobre la marcha. En cualquier caso, disfrutamos de grandes momentos de progresivo elegante.

El álbum Black Thrash Attack, de los noruegos AURA NOIR, cumple 30 años, motivo por el que la banda vino a tocarlo íntegramente en esta ocasión. La mítica formación clavó su thrash oscuro y violento, sonando macarras y precisos, presentando un riffazo tras otro. El intercambio de voces funcionó fenomenal para aportar dinamismo al rodillo sonoro, y esa peculiar manera de armar riffs deleitó a los muchos que encontramos en su sonido la manera más cercana de tener a Darkthrone sobre un escenario.

Nos costó no quedarnos a ver a Fu Manchu, pero decidimos finalmente ver a ALCEST en el mejor escenario y en las mejores condiciones en las que anteriormente los habíamos visto, y realmente mereció la pena (si hubiéramos visto a Fu Manchu, igualmente lo habríamos disfrutado). La banda francesa sonó y lució grande, con momentos destacados gracias a sus piezas más antiguas, en un concierto perfecto de no ser por la excesiva sensación de frialdad que se va sumando conforme avanza su actuación, en la que apenas hay movimiento visual ni interacción con el público. Algo que no es imprescindible, pero que en algunos momentos se hubiera agradecido.

Para cerrar la jornada nos dejamos zarandear por IMMOLATION, que con sonido y escenario grande son el metal fundido de siempre, pero con un peso aún mayor. Una auténtica apisonadora sonora capaz de rescatar al público del cansancio y ponerlo a sacudir la cabeza con muchos de los riffs más poderosos que sonaron en el festival. Con tal sonorización, repertorio y actitud sobre el escenario, los neoyorquinos se llevaron medalla. De esos conciertos que te dejan mudo. Rotundos.

DÍA 3

Terminamos de espabilar viendo de lejos a Ratos de Porao, camino del Obscure Stage, donde tomamos posición para inaugurar la jornada con SAOR, que convencieron incluso a pleno sol, resultando en vivo mucho más interesantes de lo que esperaba. Su black/folk casaba poco con el horario y las condiciones climáticas, pero demostraron tener mucho que decir. El único punto negativo fue, quizá, cierto abuso de alguna pista pregrabada, haciendo poco consustancial su sonido en algunas ocasiones.

Lo bueno de tener el mejor de los sonidos en un festival es acabar de corroborar la calidad instrumental de cualquier banda. Después de innumerables ocasiones en las que CORROSION OF CONFORMITY me han decepcionado en directo, puedo decir con total seguridad que Pepper Keenan y compañía solo saben sonar mal, desequilibrados e imprecisos. Con un sonido nítido y cristalino era evidente que la banda no es capaz de sonar sólida o empastada, y durante su actuación me acordé de lo bien que sonaron allí mismo Belzebong, una versión de COC mucho más poderosa y precisa. Al final, tuvimos que conformarnos con el par de piezas memorables de Deliverance que, incluso mal tocadas, nos tocaron la fibra sensible.

Tras un par de minutos de Animals as Leaders en los que confirmamos su excelso virtuosismo, había una enorme expectación por ver a los veteranos CORONER en su triunfal resurgir. Si alucinamos con su último disco de regreso, su versión en vivo terminó de convencernos de que su vuelta es una de las mejores noticias de los últimos años. Sobrios, elegantes y sabiendo elegir un repertorio diverso y cohesionado, conservaron su enorme autenticidad y dieron muestras de ser una banda perfectamente engrasada. Un clásico revitalizado de la mejor manera.

Les seguía una banda, también suiza, que ciertamente nos sorprendió. No sé si PALEFACE SWISS contaban ya con tantos seguidores en Chequia o se los metieron en el bolsillo ese día, pero lo cierto es que allí se armó uno de los desmadres más grandes del festival. No sabía si me encontraba del todo cómodo con ciertos elementos de su apuesta musical, pero finalmente todos acabamos haciendo headbang, girando en círculos y desparramados por el suelo. Un batería colosal (sustituto de lujo puntual en Gojira de Mario Duplantier) impulsaba los guitarrazos pesados de una banda de jovenzuelos capaces de aglutinar al público más joven del festival a la vez que al más ortodoxo. Gran descubrimiento.

Después de semejante despiporre, CLAWFINGER empezaron su actuación pidiendo disculpas por lo viejos y cansados que iban a parecer comparados con los jovenzuelos suizos y, con esa actitud socarrona que les caracteriza, nos regalaron una gran fiesta de metal noventero. Tienen hits enormes y saben cómo utilizarlos. Lástima que en esta ocasión pareciera faltarles algo de gordor en las guitarras, un pequeño punto a mejorar para la próxima ocasión (¿quizá un segundo guitarrista de apoyo?). Terminaron con ese himno generacional que es y será siempre Do What I Say, para el que trataron de contar con un coro de niños. Tiro por la culata y final indeseado, ya que los chavales no se enteraron de qué iba el asunto. Y volvemos al principio: hay mucha diferencia de edad… somos demasiado viejos.

Se hacía de noche y comenzaba el gran nombre del festival, pese a quien pese: PRIMUS. La gran guinda del festival este año era Les Claypool y su habitual lección de rock alternativo, tan único como selecto. Allí todo el mundo decía «Primus sucks», tanto los detractores como los fans acérrimos, y entre pieza y pieza al bueno de Claypool no se le ocurría otra cosa que decir que eran los abuelos del death metal. Y no era una sentencia gratuita: Larry LaLonde, guitarrista de Primus, proviene de Possessed, una de las bandas fundamentales en el nacimiento del death metal. Tocó en Seven Churches (1985), un disco seminal del género. Después pasó por Blind Illusion y finalmente entró en Primus. Anécdota que no quisieron desaprovechar para tocar las narices de algún trve que pudiera estar por allí. Resulta increíble, por mucho que lo conozcamos, el modo en que Claypool saca ese particular sonido de bajo, siempre protagonista de un setlist plagado de las espléndidas rarezas que solo pudieron salir de una banda como Primus, que en directo son una auténtica exquisitez.

Sin parecerse en nada, otra guinda y rareza era la apuesta de NERGAL para este año: rescatar el debut de Behemoth, esta vez sin guitarra y micro en mano, junto a MISÞYRMING. Mucha curiosidad y expectación en el escenario tres, que se quedó pequeño en lo que acabó siendo una gran actuación. Mucho más interesante que lo que se puede escuchar en su registro original de estudio, con un dinamismo y una violencia genuinamente black.

Y volviendo a los escenarios principales nos encontramos con la cantante feroesa EIVØR, con su apuesta de electro-folk nórdico. Sonando abrumadoramente en el escenario Marshall, su propuesta te traslada hasta regiones de la mente y la imaginación. La cantautora hizo las delicias con sus temas más trance, mostrando registros vocales grandiosos, como en el tema principal de la banda sonora de El Último Reino.

Continuando con las actuaciones más tranquilas, KATATONIA llenaban, manteniendo el concepto visual con luces traseras que conserva la atmósfera para acompañar un gran concierto. Los nuevos guitarristas empastan a la perfección, incluso mejorando en cuanto a fuerza y pegada en los temas de su último lanzamiento. Personalmente, el setlist me pareció algo flojo, pero es normal que, considerando una discografía tan amplia, cada uno tengamos nuestros temas favoritos.

En un Obscure Stage de nuevo a reventar, MARDUK ofrecieron uno de los mejores conciertos de black metal a los que servidor ha asistido. Una sucesión de enormes riffs a toda velocidad, con un sonido nítido, a la vez que áspero y violento. Con la batería sonorizada para taladrar sin tapar al resto de instrumentos, Morgan Steinmeyer arrasó sin piedad con su arsenal de riffs, sin necesidad alguna de guitarra de apoyo, en un ejercicio admirable de agresividad y precisión. Un concierto para perder la cabeza, con una iluminación también formidable.

Después de aquello nos hubiéramos conformado con un aprobado en nuestro último concierto del día, OLD MAN’S CHILD, que sinceramente se merecieron una matrícula de honor cum laude. Difícil de comprender cómo una banda a priori menor pudo sonar y lucir así de grande. El escenario, rodeado de humo, se vistió de azul prácticamente durante toda la actuación, compuesta de una selección perfecta de las mejores gemas de su discografía, potenciadas por el enorme sonido del escenario Marshall, con una calidad instrumental sencillamente impecable. Muchos eran los que llevaban décadas esperando verlos en directo y seguramente no terminaron de creerse, igual que nosotros, lo que acabaría siendo un concierto histórico. Jamás habíamos escuchado a la banda así de poderosa, con temas que parecían haberse compuesto para un escenario tan grande y con tablas y maneras de banda de puro Heavy Metal, capaz de liderar un festival. Incrédulos, abandonamos la fortaleza en busca del merecido descanso.

DÍA 4

A las 13 h estábamos ya plantados de nuevo en el Marshall Stage para ver a una de las bandas que más ilusión nos hacía ver. REVOCATION solo contaron con 35 minutos, pero cada segundo de su actuación fue oro. Volvimos a quedar alucinados por poder escuchar con tanta nitidez canciones que creíamos conocer a la perfección, descubriendo arreglos y elementos que en estudio a veces quedan tapados, especialmente el bajo, que pese a la potencia y velocidad se escuchaba nítidamente. David Davidson dejó claro el nivel superior que posee, sin olvidar los temas más pesados y «sencillos» que tanto se agradecen en vivo. Un señor conciertazo de thrash contemporáneo que dio paso a otro de thrash clásico.

SACRED REICH es de esas bandas que es imposible no adorar y, además, en directo lo clavan. Una de sus señas de identidad es la peculiar voz de Phil Rind, espectacular en vivo, quien a veces alarga demasiado los descansos entre temas en largas monsergas al público. Los mejores momentos de la actuación ya los podéis imaginar: sus himnos imperecederos.

Tras un pequeño paso por THE 3RD AND THE MORTAL, con un doom atmosférico y voz femenina que, quizás rompía demasiado el flow thrashero. Vuelta a los escenarios principales para ver a IMMINENCE , banda que engancha a propios y extraños. Tienen ese sonido de guitarras graves y potentes, acompañados por bases electrónicas, y las melodías de violín de su cantante. Una apuesta joven, muy visual y potente, que nos convencieron para esperar con ganas su nuevo disco. 

De vuelta en el Obscure descubrimos a unos interesantes y sofisticados SLIFT, que en formato trío derrocharon personalidad, técnica y tablas. Otro de los descubrimientos del festival, con un estilo progresivo, alternativo y elaborado que sirvió de breve respiro entre tanto metal extremo.

VADER parecía que tocaban en casa y fueron otro de los grandes llenazos del Obscure Stage. La banda polaca es de las que se crece año tras año; su sonido se vuelve más grande en directo, sin titubeo alguno, en la mejor actuación que les he visto.

Otros incombustibles son CANDLEMASS, sin conceder un paso atrás en sus 40 años en activo, y que ofrecieron un señor bolazo del mejor doom metal, sonando tan contundentes como genuinos. Difícil encontrar una banda de su generación con tal pegada y autenticidad.

Mientras, en el Obscure tocaban unos americanos que podrían ser sus hijos, DEAFHEAVEN, quienes necesitaron un par de temas para terminar de ajustar los controles y sonar finalmente perfectos. Los encontré en mucha mejor forma que en el pasado, defendiendo su black tamizado de manera más que solvente, con un frontman visiblemente más entusiasmado que sus compañeros de banda. Otra actuación que hubiera sido muy diferente de haberse producido de noche. 

La oscuridad que ya reinaba cuando LEFT TO DIE comenzaban su actuación. Una delicia poder ver sobre un escenario grande a semejante banda, regalando con absoluta autoridad himnos de la primera época de los Death del añorado Chuck Schuldiner. Venían “presentando” disco, una nueva grabación de las viejas primeras demos, que en vivo alternaron a la perfección con los grandes clásicos de los dos primeros trabajos de Death. Repito: absoluta legitimidad para tocar esos temas en vivo, y más si son capaces de sonar así de grandes y frescos.

Sin embargo, CRYPTOSY me resultaron una banda que vive demasiado de su pasado. La banda se hace demasiado monótona y, además, hace justicia a su legado. Durillo permanecer allí hasta terminar su actuación, así que nos dirigimos por última vez a los dos escenarios principales, donde WARDRUNA clavaban el tercio final de su presentación, haciendo las delicias de su enorme masa de incondicionales.

El festival se terminaba, y nada más y nada menos que con SATYRICON. Nueva demostración de poder en un concierto que se hizo corto pese al enorme cansancio acumulado. Setlist de lujo pero sin grandes sorpresas, con su habitual e imponente presencia en vivo. Pasan los años y la banda, pese a tocar poco, sigue siendo una maquinaria perfectamente engrasada, presentando diez formidables piezas de siete discos diferentes. Tremenda solidez y pegada, con un sonido de bajo extraordinario y con Frost tan inhumano como siempre. Para nosotros fue el cierre extraordinario para un festival inolvidable.


DiabloRock