Darkthrone – Pre-historic Metal (2026)
Sello: Peaceville
Texto por Jeiter



A sabiendas de estar cometiendo una acción de absoluta inutilidad, os vuelvo a hablar de un disco que merece devoción religiosa por mucho que tú lo vayas a olvidar mañana. Uno se queda satisfecho, e incluso llega a pensar que ha realizado un acto en la dirección más virtuosa y adecuada cuando trata de estas cosas. Se regresa a la caverna con la sensación de que el gesto compensa, aunque sea mínimamente, la deuda eterna que todos tenemos contraída con el orden del cosmos.

La nueva entrega discográfica de mis adorados, admirados y venerados Darkthrone. Dos señores noruegos que decidieron hace tiempo emprender una regresión absoluta hacia su adolescencia metalera y allí permanecen atrapados desde entonces: encerrados en una cabaña con guitarras, amplificadores, batería y algún teclado, sin giras, sin tecnologías modernas, sin metrónomo y viviendo musicalmente de espaldas a cualquier tendencia. Una estrategia infalible para asegurarse de que cada vez menos gente les haga caso.

En mi opinión, su nuevo disco es lo más excitante que se ha publicado desde… bueno, desde el anterior disco que publicaron. Se titula Pre-historic Metal y el nombre no podría ser más apropiado. Es metal prehistórico en el sentido más literal posible: heavy metal primitivo, proto-metal setentero/ochentero y una fe absoluta en el poder sagrado del riff.

Siempre llaman especialmente la atención esos discos hechos en casa en los que se percibe con claridad que sus autores se lo están pasando bien. Son dos de los mayores puntos fuertes de esta nueva colección de canciones, grabada nuevamente en el estudio-cabaña de su amigo Ole Øvstedal, que ya participó en Eternal Hails y Astral Fortress. Tras zigzaguear durante años por los múltiples estilos que atesoran Fenriz y Nocturno Culto, el dúo vuelve a concentrarse en aquello que más parece divertirles actualmente: riffs enormes, desarrollos imprevisibles y toneladas de metal ancestral.

Algunos dirán que tanto la portada como el sonido son un escupitajo en la cara al 99% de las bandas de metal en activo. Yo creo que es justo lo contrario. Es un escupitajo lanzado hacia arriba, esperando sonrientes que les vuelva a caer encima. Darkthrone llevan décadas riéndose del metal y de sí mismos. Fenriz ha escrito auténticos tratados sobre la ridiculez inherente al género y la banda parece instalada desde hace tiempo en un punto intermedio entre una formación legendaria y una versión noruega de Spinal Tap.

La portada es un buen ejemplo. Una fotografía tomada posiblemente con un teléfono móvil y lo que aparece en ella es Fenriz armado con lo que bien podría ser un bieldo sacado de su propia granja… ¿acaso pensabas que eso era algo demoníaco? Muchos no la entenderán. Ya ocurrió con la portada de Astral Fortress. Pero Darkthrone hace tiempo que dejó de preocuparse por esas cosas. O entras en su universo o te quedas fuera observando. Musicalmente, el disco continúa la senda de sus últimos trabajos, aunque introduce alguna vuelta de tuerca interesante. Los temas se someten a la tiranía del riff y a constantes cambios de dirección. Hay guturales, hay falsetes (grande Fenriz, una vez más, con sus improvisaciones vocales) y las canciones se alargan mientras van dividiéndose en varias secciones claramente diferenciadas, a menudo muy distintas entre sí.

Hay quien busca black metal, pero para los actuales darkthrone parecen quedar definitivamente olvidados los preceptos del black metal ortodoxo. Este es un trabajo deliciosamente rancio, y a la vez luminoso. Una sucesión de ideas molonas, sonido REAL y guitarras memorables. Un álbum que crece cuando te lo aprendes, y que, al menos a mí, me dibuja una estúpida sonrisa en la cara.  Resulta difícil no sonreír al comprobar que en el instrumental «So I Marched To The Sunken Empire» hay probablemente más espíritu black metal que en buena parte de los discos etiquetados como tales que han aparecido en los últimos años.

Es música hecha para ellos mismos. Y para cualquiera que quiera subirse a su darkoneta. Yo ya estoy dentro, con el cinturón puesto, pero no por seguridad… para que nadie me quite el sitio.